Ripios de mayo

El clamor ginecológico que despertó Peñafiel augura para este mayo un alborozo mayor. La princesa de Asturias, en su condición de mujer, se encuentra muy bien dotada para al Rey complacer. Heredero le ha pedido, como a Torcuato una terna, y Letizia lo ha entendido, muy solícita y muy tierna. Aunque tres es multitud para una corona sola, con un poco de salud, más de uno se le asoma. El rumor no llega a tres, pero se escribe en plural. Dos vendrían de camino, caminito del hospital.
Que se diga y se celebre, como es acostumbrado, con jácaras y mojigangas, varios bailes y algún petardo. Tiempo habrá, ya lo verán, de cábalas y tiralíneas, tomando la ley al bies, por abajo o del revés. Si dos son, cuál el mayor; si distinto sexo tienen, con cuál la ley se aviene en un parto paritario. Intuyen mentes conspicuas que el dilema permanece hasta que luego sobrevenga el trance hospitalario.
Si dos machos son, o dos hembras vienen, las dudas se nos mantienen y se encoge el corazón. El mayorazgo conviene al segundo en asomar, pero si aplican el cuento que a su padre se aplicó, es la hembra de momento, heredera en transición; a la espera de otro evento en distinta dirección.
Más si retocan el texto de la santa Constitución, reinar podría la nena, en derrota del varón. Ya que la carta dice, en muy confusa lectura, que ha de reinar primero quien luzca primogenitura, el dilema se disipa como azúcar en terrón. Sea nena o nene sea, del par que nos auguran, que reine aquél que quiera la siempre sabia natura.
La gente se ha escapado en grandes colas al mar, allí escucharán la nueva, si así lo quiere el azar. Y no es por meter inquina que suba la gasolina. Con tanto desplazamiento no hay completo contento. Peor será a la vuelta con quemaduras de sol, el trabajo acumulado y los play-off, sin Gasol.
Venga el calor y venga mayo con novedades felices, que estamos hasta las narices de dar a diario el callo.

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