Lingotazo

Preparando lo necesario para un lingotazo de trabajo

Para hoy se anuncia otro revolcón para nuestras vidas en forma de estado de alarma. Vamos a pensar que es lo mejor que se puede hacer, porque en época de incertidumbres hay que aferrarse a las colas de lagartija si no existe otro asidero más consistente.

Ahora bien, para estimular el cumplimiento de las normas y por el bien de todos, es imprescindible erradicar comportamientos como el de la presidenta balear Francina Armengol, que se ha visto obligada a redactar un cuento de terror para disimular unas copichuelas fuera de los horarios marcados por ella misma.

El relato se inicia a media tarde, cuando después de una agotadora jornada laboral, la explotadora presidenta decide prolongarla con “una cena de trabajo” que reunirá a su círculo íntimo de colaboradores. Y así, entre sopas y pescados, los incansables funcionarios públicos siguen dándolo todo por el administrado, que a esas horas ya está en su casa porque van a cerrar de inmediato.

El afán servicial de Francina es tan vehemente que una vez culminada con éxito la “cena de trabajo”, les propone proseguir abordando asuntos públicos en “unos lingotazos de trabajo”, que se celebrarían en un local al uso.

Así no es de extrañar que a su director de Comunicación le diese un patús en forma de desmayo, o como se decía en épocas pretéritas, un soponcio que precisa del uso de sales.

Toda esta odisea laboral, de cuya veracidad, ni dudamos, ni dejamos de dudar, debería haber sido evitada encargando menjar per emportar, y si les entraba la sed, beguda per dur, porque la mujer del Govern Illes Balears, además de ser honrada, debe parecerlo, Julio César dixit.

Dos cositas más. El extravío de la denuncia es un hecho extraordinario, habida cuenta de que se realiza con copia. Y otra, no estrese a su equipo, que se le cae por los bares.

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