Montar el pollo

Con todo y eso, en Grecia ya montaban pollos

El diputado Rodríguez, número 2 o 3 de Podemos y hombre que gusta de dialogar a patadas, se niega a declarar voluntariamente en el Supremo dentro del caso que lo vincula en una conversación con un policía, esto es, cuando utilizó sus extremidades inferiores para cocear el cuerpo del agente y hacerle ver su opinión.

Hay que ver las extrañas y esquivas relaciones que las caras más visibles de esta formación establecen con la ley después de haberse autopropuesto para elaborarlas en el Parlamento, o para aplicarlas en el ejecutivo.

Todo ello nos lleva a pensar que quizás su fin último sea efectivamente lo que un día anunció su amado líder con la frase “nosotros venimos a armar la bronca”, montar el pollo, o parecida expresión de igual enjundia.

Con una exigua representación como la que tiene, y con tendencia a bajar cada vez más, la formación debería limitarse a ser la parte folclórica de unas cámaras muy diversas donde tienen cabida hasta los perroflautas que montan la bronca, salen en las fotos y listo.

Pero hete aquí que aparece Sánchez y lo nombra vicepresidente; aquello que había jurado y perjurado que no haría ni harto de Jumilla. También podría haber abandonado la política para presentarse a Tu cara me suena e imitar allí a Marifé de Triana, con grandes beneficios para el espectáculo televisivo, y sobre todo, para la política.

Pero no, hace vicepresidente al broncas y aquí nos tienes a todos nosotros aguantándolos, como si tal cosa estuviese dentro de los parámetros normales del vivir.

La experiencia _ esperamos que sea pasajera como el virus _, quedará en la memoria colectiva festoneada con ribetes de luto.

Catilina tuvo que hacer algo semejante para agotar la paciencia de Cicerón.

Estoy pensando. De no ser en Tu cara me suena, ¿qué tal en la Isla de las tentaciones?

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