Manuel Becerra, el Gran Maestre masón salido de las urnas

Hoy se cumple el segundo centenario de su nacimiento en A Ponte de Outeiro (Castro de Rei)

HOY SE CUMPLE el segundo centenario del nacimiento de Manuel Becerra y Bermúdez (Castro de Rei, 1820), el hombre de las tres emes, matemático, ministro y masón, además de padre de la gimnasia española, cuyo prestigio político queda de manifiesto al saber que fue ministro de Ultramar o de Fomento durante el reinado de Amadeo I, en la Primera República española, con Alfonso XII y durante la Regencia de María Cristina.

Hijo de Joaquín Becerra Sánchez y de María Bermúdez Montenegro, vecinos de A Ponte de Outeiro, queda huérfano de padre siendo un niño. Hace sus primeros estudios en Lugo y en 1837 marcha a Madrid con sus tíos Manuel y Manuela. Allí es alumno de José Subercase Krets, profesor de la Escuela de Ingenieros de Caminos, una de las varias instituciones donde alcanza conocimientos muy vastos sobre Filosofía, Historia, Derecho y Astronomía, para abrir finalmente una academia de Matemáticas, que le acompaña en casi toda sus vida.

Practica gimnasia y esgrima, destacando en florete y sable. Se afilia al progresismo, se deja querer en varias sociedades secretas e ingresa en la Milicia Nacional. La combinación de todos esos elementos lo hacen participar en un sinfín de conjuras políticas y levantamientos hasta 1848, incluida el de Solís en Lugo.

Ni que decir tiene que en esa época su vida es un continuo escapar y esconderse.

Se adhiere al Partido Demócrata y lo dirige con Salmerón, Nicolás María Rivero, José Ordax Avecilla y Sixto Cámara, además de escribir en su aparato de propaganda, El Tribuno del Pueblo.

Dentro de la masonería llega a ser Gran Maestre del Gran Oriente de España, el único elegido por sufragio universal para ese cargo.

Son numerosas las anécdotas que sus compañeros o la prensa han recogido de su vida, como cuando arroja la bayoneta durante una revuelta y le dice al militar que la encabeza: “Mi general, hasta aquí llega un demócrata”.

Isabel II, que lo amnistía, quiso conocerlo y un día su coche se cruza con Becerra, que viene andado. Un acompañante de la reina le hace notar su presencia con dos gritos:”¡Su Majestad! ¡Becerra!”, pero dichos tan seguido el uno del otro, sonó: “Su Majestad Becerra”, y así es conocido desde entonces.

Es ministro en las ocasiones referidas y en ninguna de ellas superpuso sus ideales políticos al bien común de los españoles, a la estabilidad política ni a la integridad de la patria o sus relaciones con las potencias extranjeras, razones por las cuales, fue amigo de Prim y pudo servir en gobiernos de tan diferente signo.

Becerra sustituye en Fomento a José Echegaray, que pasa a desempeñar la cartera de Hacienda. También se le recuerda, aunque no demasiado, como padre de la Gimnasia Española, por lo mucho que escribe y legisla en beneficio del ejercicio físico, cuando todavía no existe ni el sport y mucho menos, el deporte, ya que no estaba bien visto sudar sin necesidad, una actividad impropia de hombres serios y sin ninguna rentabilidad. Lejos estábamos todavía de ver las cuentas corrientes de señores llamados Messi, Nadal o Cristiano Ronaldo.

Su intervención impide en 1870 la cesión de Cuba a los EE.UU. Al morir lega su biblioteca a la Academia de Ciencias y el poco dinero ahorrado, a una antigua sirvienta.

El 10 de noviembre de 1888 la Diputación de Lugo le nombra hijo preclaro y predilecto de la provincia, y hace tres años, Manuel Vila y Xosé Antón Pombo publican el libro “Dous fillos da Ponte de Outeiro: Manuel Becerra e Crecente Vega”.

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