La muerte de Brian

Samuel Paty, honor y gloria

Pienso en los alumnos de Samuel Paty, el profesor degollado en Conflans-Sainte-Honorine por enseñarles una caricatura de Mahoma diciéndoles que viven en una sociedad abierta y tolerante, donde esas expresiones tienen cabida hasta los límites que determinan los tribunales.

Una sociedad cuya mayoría religiosa se ha establecido en torno al cristianismo, pero donde es posible realizar y exhibir películas como La vida de Brian sin que ninguno de los Monty Python sufra desgarros en sus esternocleidomastoideos, ni en ninguno de sus músculos.

Una manera de convivir inteligente, que aprecia la diversidad de culturas, pero no la diversidad de salvajismos; que es refractaria a los fanatismos, sean religiosos o políticos, porque los ha padecido de todas las clases y ha llegado al convencimiento de que deben de ser desterrados para garantizar su propia supervivencia.

También pienso en los que se enfrentan al brutal asesinato con la mezquina equidistancia que pretende situar en el mismo plano al terrorista y a su víctima, ya sea en el País Vasco, o en los alrededores de París.

El profesor Paty estaba exponiendo una idea elevada, el bien de la libertad occidental, frente a una idea mostrenca y primitiva: quien no piensa como yo es un perro infiel y según qué cosas predique, es justo que se le dé muerte. ¿A qué la equidistancia?

También pienso en las numerosas bocas que permanecen calladas a la vista de este nuevo desafío a la civilización occidental, y no puedo evitar que el pensamiento vaya hacia quienes se esfuerzan en blanquear a los que también mataron con el mismo razonamiento que acabamos de exponer. Con la desgracia para todos nosotros de ver que con ellos establecen planes de gobierno.

Un comentario a “La muerte de Brian”

  1. Ramon

    Estas circunstancias, lévannos a conclusión, de que o ensino, fai auga por todas partes, esto pasou en Francia, e parecenos moi lonxano, pero en calquera momento pasa aquí, e daquela imos poñer o berro no ceo. Polo que parece, as forzas políticas, deste país, están empeñadas en que así suceda, posto que, están provacando que o odio se vaia despertanto entre as distintas ideoloxías. Esto xa pasou nos anos trinta. Recordame esta circunstancia, algo que sempre dicía meu pai, sucedido cando a guerra civil. Servía como tenente de artillería na zona roxa, e un bo día, cando estaban reunidos os oficiais coa xefatura para acordar a estratexia a seguir, presentouse na tenda de campaña, Largo Caballero, unha vez que lle explicaron o que querían facer, el puxo a man extendida encima do mapa, e dixo, “Que arrasen toda esta zona”, co que supón unha man encima de un mapa, esto forma parte do odio que invade a algunhas persoas, como pasa agora. Por suposto que os militares non lle fixeron nin caso, posto que estaban para facer unha guerra, non para facer masacres gratuitas. Si esto pasa con xente, teoricamente, culta e políticos de altura, qué non vai pasar con xente que o único que ve é a intolerancia?.

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