Pardo Pedrosa y su peligroso mayo del 68

El artista de Lugo es acusado de insultar al Ejército en un cuadro que hoy está en el Reina Sofía

AUNQUE ES PINTOR y videocreador, tiene nombre de Papa. Es José Ignacio Pablo Segundo Pardo Pedrosa (Lugo, 1947), hijo de José Pardo y Pardo Reguera, fiscal provincial de la Vivienda, y de María Leonor Pedrosa Latas. La afición por la pintura surge cuando es estudiante en el Instituto y en calidad de exalumno participará muchos años después en la exposición que monta Matalobos con la plástica que pasa por la institución, que fue mucha.

Podría decirse que su bisabuelo Gumersindo le transmite en vena la querencia por los pinceles. De hecho se comienza a hablar de él cuando solo tiene 16 años y gana dos segundos premios de dibujo y pintura en el III Certamen de Arte Juvenil del Frente de Juventudes (1963).

En 1965, ya con 18, gana ese certamen mientras Pedro Agrelo y García Gesto se reparten el resto de galardones.

Pero será en 1967 cuando se lance a su primera exposición individual de óleos y aguatintas en la sala de la Caja de Ahorros. Trapero alaba su técnica y su capacidad de elevar a categoría de arte los objetos cotidianos, como un lavabo o una máquina de coser.

1968, el año del mayo francés, le aguarda con un engorroso contratiempo. Expone en Santiago, A Coruña Vigo, A Guarda y en Goián, cerca de Tui, donde su organizador es detenido por un grabado que se considera insultante para el Ejército”. No había tenido problemas, pero quizá la sensibilidad de las autoridades en Goián no es la misma.

La obra representa a un hombre con condecoraciones y su radiografía, donde los huecos de las medallas contienen la imagen de hombres muertos.

Como la noticia la distribuye la agencia Cifra, José Ignacio envía a ella su versión: “No hay en la misma, ni directa ni indirectamente, motivo alguno que guarde o pueda guardar relación con el Ejército español”.

Afirma que su grabado es pacifista y de repulsa contra las guerras. La causa es sobreseída a los tres días por el capitán general de la VIII Región Militar.

La polémica obra figura desde 2017 en el Museo Reina Sofía como donación de la Fundación Xavier Pousa bajo el título Cos mortos no peito. A continuación interviene en la ilustración de O divino sainete (1969) de Curros, en compañía de Colmeiro, Seoane, Conde Corbal, Díaz Pardo, Laxeiro, Saturno Lois, Raimundo Patiño, Pérez Bellas y Beatriz Rey.

Siendo ya alumno de la Escuela Superior de Bellas Artes de San Fernando en Madrid, conoce a la también pintora extremeña María Luz Antequera Congregado con la que se casa en 1970.

El matrimonio obtiene sendas cátedras de dibujo para el Femenino de Lugo y para el Mixto Polígono de Zalaeta de A Coruña. Más tarde, ambos se asientan en la capital coruñesa, desde donde participan en certámenes como los de Blanco y Negro, Ateneo de Madrid, la Bienal de Zamora, o Bimilenario de Lugo.

Los dos serán primero y segundo premio en este último (1976). Ella, con la obra Arde Galicia, y él con Vegetal. Años después ilustra el extraordinario de los 75 años de El Progreso.

Desde 1985 se centra en la videocreación siendo pionero en el empleo de la imagen en movimiento “a modo de extensión del lienzo” y en explorar el universo tecnológico a través de la infografía y la animación. Participa en numerosos certámenes y está presente en ARCO y en las muestras de Hannover, Arnheim, Utrecht, Rennes, Cannes, Liubliana, Nápoles, Sydney, Graz, Berlín, Innsbruck, São Paulo, Helsinki, Lynz o Moscú. Forma parte del equipo técnico en varios rodajes como director de arte y es finalista del Mestre Mateo por Blanca Madison.

Comenta