El alférez Baanante, el primer caído del 36

Al maestro de Chantada se le dedica la calle que ahora lleva el nombre del poeta Uxío Novoneyra

LA QUE FUE calle del Alférez Baanante en Chantada, desplazada por el poeta Uxío Novoneyra, rendía homenaje a un héroe de la guerra civil española, mal título para sobrevivir en el callejero en nuestros días, cuando la historia la escriben los vencedores… de las elecciones municipales.

Al maestro nacional y alférez de complemento del Regimiento Zaragoza 30, Manuel Baanante Giraz (Chantada, 1910), se le tiene por el primer caído de la guerra, aunque probablemente la cuenta solo se establece entre los soldados de Lugo o de Chantada, pues el 15 de septiembre de 1936, cuando él muere en el hospital asturiano de Salas instalado en un convento de monjas, a consecuencia de las heridas que sufre en el asalto del pueblo de La Cabruñana, ya se han producido numerosas bajas en otros enfrentamientos.

De hecho, cinco días más tarde se celebra en el Círculo de las Artes una velada musical y teatral en honor de los heridos hospitalizados en Lugo y en la que debería intervenir una banda militar que llegó tarde a la convocatoria, pues regresaba de Chantada, donde acompañó el entierro de los restos mortales de Baanante.

La ofensiva de las tropas nacionales en Asturias es el primer frente del norte y en el bando de Franco deja la baja de otro militar bien conocido en Lugo, el teniente coronel Teijeiro, fallecido en Oviedo un mes más tarde.

El 2 de mayo del año siguiente, el de 1937, se celebra en Chantada la fiesta de esa fecha y se descubren cinco lápidas a Franco, Calvo Sotelo, Primo de Rivera, Portugal y al alférez Baanante, que bautizan otras tantas calles. La del alférez, una de las más largas de la población, es donde vivía el fallecido. Desde el balcón de una casa contigua hacen uso de la palabra varios oradores que resaltan el heroísmo de Baanante, que en La Cabruñana decide seguir luchando hasta morir pese a haber sido herido en un brazo.

El periodista José de la Peña Matos, exsecretario particular del ministro Leopoldo Matos y a la sazón enviado especial de la Delegación Provincial de Prensa y Propaganda de Falange de Lugo en Asturias, es uno de los tres primeros informadores que llegan a Grado tras la victoria del general Aranda, junto con Joaquín Arrarás e Yndarte.

En una crónica fechada en Grado (20-X-1936), a diez kilómetros de La Cabruñana, relata para El Progreso el ambiente previo a la guerra en aquel lugar. Dice así:

“Su población era de lo más rojo de esta comarca. En los últimos días de su dominación y hasta después de ser ocupado por nuestras tropas no se acabó el comunismo libertario. La vida de sus habitantes, que era una orgía plena de lujuria y pillaje, habían requisado cuatro cabarets y nuestros soldados al llegar no encontraron ni una sola botella de vino ni siquiera de sidra, tal era el consumo que habían hecho de toda clase de bebidas”.

“La ola de locura que debía dominar a todos, no respetó siquiera a uno de los sacerdotes del pueblo, que cruzado el pecho, no por la cruz redentora, sino por la bandolera repleta de cartuchos, abandonó el pueblo, y fusil al hombro, se fue con los rojos. Cuando nuestras Falanges y soldados; habían dominado las crestas de Cabruñana, penetraron en el pueblo, sus pisadas resonaban con eco en el fondo de sus casas deshabitadas, el noventa y nueve por ciento de sus habitantes lo habían abandonado”.

“A las dos de la tarde llegó desde Oviedo el heroico general Aranda, que en donde comienza propiamente el pueblo, es esperado, y se le aclama con verdadero frenesí”.

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