Inmensa vergüenza

¿La imagen está deformada o lo es?

El PP se enfrenta estos días a los ribetes más sórdidos de su larga travesía judicial.

Solo con mencionar lo que llaman la “posible vendetta de Bárcenas” tiene que estrechar el espinazo a más de uno.

Solo con saber que el falso cura que atracó el domicilio del mismo Bárcenas en búsqueda de documentación ha venido cobrando regularmente desde la cárcel 250 misteriosos euros llenaría varios capítulos de novela negra. Hoy no le han dejado testificar. Está tarumba.

Si algo puede salvarle a la hora de mirarse al espejo es precisamente ese Callejón del Gato por donde hoy transitan todos sus colegas. La imagen deformada que les devuelven los cristales se parece cada día más a su triste realidad, de tal manera que solo ellos mismos son capaces de no ver su patético reflejo.

Aprovechemos para recordar que el propio nombre del pasadizo ha sufrido la acción deformante de los espejos, pues allí no hay gato por ninguna parte, que ya la vía está dedicada a Álvarez Gato, mayordomo de Isabel la Católica, que se convirtió al cristianismo antes de que lo escaldaran.

Qué vergüenza, señores, qué inmensa vergüenza. Ni menor ni mayor que la que se siente al leer que el portavoz europeo de la Comisión para asuntos de Justicia, Christian Wigand, nos vigila por nuestro intento de politización de la justicia española a través de la reforma del CGPJ.

Pero esta vergüenza es distinta. Esta da gusto sentirla porque nos puede salvar del pozo del péndulo donde quieren encerrarnos el dúo de la bencina.

Tanto interés en controlar a un mayor número de jueces que el otro es harto sospechoso, aunque al ver los berenjenales en los que se meten, a nadie debe caberle la más mínima duda de que su pensamiento no está puesto en independizar el poder judicial.

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