Ricardo Núñez, médico pionero de la psiquiatría en Sarria

Ayer sábado se celebró el Día Mundial de la Salud Mental

AYER SÁBADO SE celebró el Día Mundial de la Salud Mental, ocasión pintiparada para repasar la vida del médico Ricardo Núñez Rodríguez (Sarria, 1866), aunque hace dos años el Seminario de Estudos Sarriaos Vázquez Saco y La Unión ya lo rescataron al cumplirse los 60 de su muerte.

Natural de San Fiz de Vilapedre, su nombre irá unido a la historia de la psiquiatría lucense por haber fundado el primer manicomio en su lugar de nacimiento

Sus padres son labradores de Pereiro y él estudia en Sarria y Lugo, para cursar después Medicina en Madrid, donde la ejerce como inspector sanitario de las casas de lenocinio en 1893, antes de luchar contra el cólera en Extremadura.

El coste de la carrera lo afronta trabajando como agente de seguridad, gracias al apoyo de Alberto Aguilera y el Partido Liberal.

De nuevo en Láncara, se establece como médico general y abre el sanatorio mental de Vilapedre, un establecimiento pionero en su género, ya que hasta entonces los alienados de Lugo eran trasladados a Santiago o Palencia.

Basa su terapia en el trabajo y nunca en la imposición o el encierro. También crea una escuela en Pereiro y de 1911 a 1919 dirige el balneario de Céltigos en A Veiga, el estudio de cuyas aguas promueve.

Además fue concejal y diputado liberal. Hombre solidario con los necesitados y dispuesto a prestar ayuda médica sin nada a cambio, sufre un revés en su brillante trayectoria cuando experimenta el campo teatral.

El 19 de abril de 1928, su amistad con Amaro Álvarez, con quien comparte labores directivas en la Sociedad Cultural de A Pobra de San Xiao, le lleva a emprender una representación que va a merecer una de las críticas más implacables que jamás haya recibido obra alguna en Galicia. Y lo que es peor, fundamentada.

Firmada por ambos, se estrena en A Pobra la “comedia científica en dos actos” ¿Alucinaciones?, de la que Byblos opina en El Eco de Santiago: “Estamos ante un caso de absoluto desconocimiento de las reglas más elementales de estética. No se puede llevar a las tablas semejantes asuntos, ni es lógico que en el primer acto de una comedia salga un personaje a endilgar un discurso de meteorografía sobre el Padre Secchi y los metros a que se está sobre el nivel del mar”.

“Todo ello es risible y más todavía que se presente a consultar una señorita llamada Higia por tener inflamado el dedo gordo del pie derecho, y que pronuncie otro discursito de terapéutica y no pare hasta hablar de estreptoccocus de Fehleisen”.

El crítico lo considera “una inoportunidad y un desgarbo tal, que ni siquiera como obra bufa podría pasar. Nosotros cumplimos con un deber de cortesía diciendo la verdad a los distinguidos autores de la comedia”.

Y termina con unas recomendaciones: “No, señores nuestros, no. Existe entre los varios ramos del saber humano uno muy interesante: la preceptiva literaria. Claro que es inútil cuando falta el genio, pero conviene conocerlo por las advertencias provechosas que nos hace. Entre ellas, la profundísima y misteriosa advertencia de la ley de proporcionalidad.”

“Esto bastaría para enseñar a D. Amaro Álvarez que no hay relación posible entre la forma teatral y un fondo que es un tratado de Profilaxia, de Terapéutica, de Meteorografía, etc.”

“Sindéresis, señores, sindéresis. (Discreción, capacidad natural para juzgar rectamente). Shakespeare no es meteorólogo, ni Esquilo fue terapeuta; ni Moliere habló jamás de profilaxis, como no fuese la disparatada medicina de su Médico a Palos”.

Ricardo fallece a los 92 años en la miseria.

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