España

Mani, el del maniqueismo

El cainismo imperante, el que promulgan el presi y su vice cada vez que abren la boca, nos lleva a reducir la vida a planteamientos tan absurdos como discutir si somos más de Simón o de Cavadas.

La última, Mercedes Milá, que ha demostrado estar abducida por el modelo presidencial diseñado para un país muy corto de entendederas, pero no para la patria de Cervantes, Balmes y Ortega.

Piensan los personajillos y sus astutos asesores que nada hay más beneficioso para sus intereses _ el poder _, que aplicar el pensamiento maniqueo a la política contemporánea y así como aquéllos dividen la sociedad en elegidos y oyentes _ los primeros alcanzan el paraíso, los segundos deben esperar _, en España conviene que existan sanchistas y derechistas. Los primeros, por el mero hecho de existir, lo harán todo bien, aunque prevariquen más que el cuco; y los segundos serán malos por naturaleza.

Solo así es posible hacer cosas como el reciente estado de alarma sin que se ajuste a derecho ni a ley ninguna. Los elegidos aplaudirán con las orejas porque están bendecidos por el rayo divino, mientras los oyentes, por mucho que se encomienden al articulado de la Santa Constitución deben contemplar los sillones del Consejo de Ministros como una meta lejana, sino imposible, de acuerdo con el vaticinio del Segundo Maniqueo del reino, un señor que antes llevaba coleta, hoy moño y mañana, extensiones.

Pedro Cavadas ha cometido el descarado atrevimiento de criticar a Illa, a Simón y al comité de expertos inexistentes. Herejía, reo es de muerte.

_ ¿Pero si es Cavadas? Un tío cojonudo.

_ Es igual, al Calvario con él.

Y ahí tienen a Mercedes Milá ejecutando la sentencia, no en vano ella ya es maniquea desde tiempos inmemoriales.

Y esta es España en su fiesta nacional.

Un comentario a “España”

  1. Ramon

    Esta periodista, venida a menos, no merece ni un solo renglón en ningún escrito, es malgastar la tinta con la que se escribe su nombre, que por cierto, yo trato de eludir para onvidarlo lo antes posible, que se va a esperar de alguién que para tener audiencia, confiesa en televisión que mea en la bañera o en el plato de ducha cuando se ducha y que le produce gran placer, será guarra.

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