El escudo papal

A los duques de Lugo, a su primogénito y a todos los lucenses y leoneses les habrá llamado la atención el hecho de que Benedicto XVI haya incorporado a su escudo papal la imagen del oso de san Korbinian, obispo de Freising, a quien ya se había referido en su autobiografía.
Y suponemos que les habrá llamado la atención porque el oso de san Korbinian es trasunto zoológico del lobo de san Froilán, patrón de la ciudad que da nombre a su título y onomástica elegida para el primero de sus hijos, que sin llevarla en primer lugar, resulta en definitiva la más querida por su abuela y por la opinión pública, que a él se refiere de esa guisa.
Con un siglo de diferencia, Korbinian y Froilán son obispos de Freising y León respectivamente. En uno de sus traslados se topan con un oso, animal abundante en los bosques de Baviera, y con un lobo, ídem del lienzo en las montañas leonesas y lucenses.
Ambos animales se comportan como tales y dan muerte a los dos ejemplares de caballería mayor que sirven de solípedo transporte a los preclaros varones. Pero éstos, sin dejar de ser santos, se agarran un cabreo de narices y deciden que tanto el oso como el lobo paguen su innata brutalidad con un servicio de portes a domicilio para mayor gloria de la encomienda que mueve a ambos obispos.
De ese modo, los dos animales cargan con los petates de Korbinian y de Froilán, y la extraña comitiva que se forma prosigue su camino. Hay que suponer, con mayor pesar para el lobo español que para el oso alemán, debido a su envergadura.
El paralelismo del caso trasciende a la iconografía de los dos personajes, pues ambos son representados en idéntica actitud, con similares atributos y teniendo a sus pies sus animales respectivos.
El escudo depara dos curiosidades más: la presencia de la concha de Venus o venera, y la ausencia de la tiara pontificia, que es sustituida por la mitra episcopal. Seguiremos atentos.

Comenta