Pregón llorón

El mitin de risa, el pregón sin gracia

La tragedia de un payaso sin gracia hace llorar a las piedras. Es la imagen triste y grotesca de una impotencia que te conmueve y te estruja las entretelas.

Bueno, pues esa es la que Ada Colau ha ofrecido como regalo por el día de la Merced a todos los vecinos de Barcelona, e indirectamente a todos los españoles que nos enteramos de lo ocurrido con la lágrima colgando, como cuando ponen las fotos de la matanza de los bebés foca.

A Tortell Poltrona, que así se llama el clown elegido por la alcaldesa para leer el pregón de las fiestas, lo posan en un sillón como el de su apellido, allí donde suelen sentar sus reales los pregoneros de los saraos oficiales, y el tío, con todas sus pinturas en la cara y su nariz de rojo Pastoureau, comienza a escagarruciar consignas y lugares comunes, tal como haría cualquier político catalán à la page, modelo Torra, o modelo Rufián, por ejemplo. ¿Es eso un payaso?

El disparate parecía carecer de sentido. La Mercè, el pregón, la independencia, el payaso, la nariz, la poltrona, Colau por el medio como el verso suelto de un poema épico en cuartetas… pero de repente, a los ojos de cualquier observador desinhibido, todo cobra sentido y coherencia.

Ese es el panorama real del 24 de septiembre de 2020, la fiel representación de la actualidad, como si en la misma fecha sesenta años atrás hubiésemos visto a Pepe Tonetti comentando la Ley de Principios del Movimiento Nacional mientras pronuncia el pregón de las fiestas de San Isidro al lado de Carlos Arias Navarro ataviado con las prendas de su trabajo.

Tortell Poltrona, un hombre comprometido con el humor y la solidaridad internacional, no ha podido sustraerse de la burda pesadilla reinante que todo lo transforma y trastoca, hasta el punto de borrarle la gracia a los payasos y volverlos tristes y llorones.

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