Prisa y victoria

A medida que avanza la legislatura cobra fuerza y sentido el verdadero mote con el que su presidente, o todo el gabinete, va a pasar a la historia. No será la sonrisa, ni el talante, ni la supuesta ineficacia que le achaca la oposición. Lo que demuestra día a día ZP es precipitación. Al presidente le mueve la prisa, y no se trata de hacer chistes con Polanco. Es una prisa desaforada en competencia con la del conejo de Alicia, que corre a través del país de las maravillas sin que nunca sepamos qué provoca tanta presura. ¿Las profecías de san Malaquías anunciando el fin próximo de Occidente? No, no parece que a ZP le muevan los vaticinios del irlandés Malachy O´Morgair, a no ser para acelerarlos. Otra causa habrá para que este hombre se imponga un ritmo de carrera tan intenso y tan proclive a las meteduras de pata cuando se trata de abordar aspectos de suma sensibilidad que llegan a sus manos modelados generación tras generación.
Las rectificaciones de este primer año _ el IVA, las 180.000 viviendas, el pago a las madres, el valenciano, la medalla de Bono _, no nacen de la ineficacia, sino que son fruto de la precipitación. Lo mismo se puede decir de la polémica matrimonial. A poco que se ahonde en ella se detecta que podría haber sido totalmente prescindible si ZP y Zerolo fuesen capaces de concebir la reforma con paciencia y con prudencia, pues resulta que ahora tienen una opinión pública totalmente favorable al reconocimiento de las uniones homosexuales, y sin embargo dividida y crispada por el contencioso abierto. ¿Dónde aparcó el talante?
Si nos fijamos en otro gran foco generador de tensiones, como es la reforma territorial _ ésa que Guerra denuncia como manifiestamente anticonstitucional _, se percibe el peligro de que la precipitación sea una vez más mala consejera y se hagan tortas donde había un buen pan.
Lo importante no es vencer, sino convencer, Víctor Hugo dixit y Pixie.

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