Becerra Chao, el dentista improvisado de Isabel II

El vecino de As Nogais es llamado para extraerle una pieza a la reina cuando atraviesa Lugo en 1858

LOS DOLORES QUE una muela le causa a la reina Isabel II cuando en 1858 cruza la provincia de Lugo, haciendo la ruta Künig, van a dar fama a nuestro personaje de hoy, Luis Antonio Becerra Chao (As Nogais, 1815), que es avisado cuando la comitiva real llega a esas tierras bajas de su lugar de nacimiento, San Xoán de Vilaicente.

Luis López Pombo se encarga de establecer su ficha familiar, informándonos que es hijo de Domingo Becerra Maceda, de Vilaicente, y de María Chao López, de Pallarvello (Padornelo / Pedrafita).

Con 21 años se alista en la Compañía de Voluntarios contra el carlismo y los persigue en la zona orensana de Xubín. Allí traba amistad con el médico y fallecido éste, se casa con su viuda. Cuando es él quien enviuda, ya de nuevo en Vilaicente, vuelve a matrimoniarse con Manuela Peral, natural de Ferreirós de Valboa (Becerreá).

El roce con el médico orensano y sus propias habilidades lo llevan a explotar en Galicia y León preparados de botica y atenciones médicas que incluyen la extracción de piezas dentarias.

Cuando visitamos Vilaicente para conocer el escenario de los hechos, su tataraniero Ramón Fernández nos cuenta la historia a pie de tumba, un magnífico sarcófago de piedra con los datos del personaje cincelados.

Nos situamos en septiembre de 1858, cuando Isabel II regresa hacia Villafranca del Bierzo tras su visita a Galicia. Viene de Lugo y pasará por los actuales Cereixal, As Nogais, Pedrafita y Vega de Valcárcel.

En Lugo la pareja real se ha alojado en el palacio episcopal, decorado con gran lujo. Las calles y plazas de la ciudad han sido adornadas con faroles, arcos de triunfo y un castillo árabe, y la muralla luce gallardetes y banderolas para ser recorrida en carruaje por los monarcas.

Todas las plazas de hospedaje en casas particulares están ocupadas y algunos miembros de la comitiva tendrán que dormir extramuros. En la despedida del 14 de septiembre se producen entusiastas aclamaciones, pero quizá ya entonces Isabel II siente las primeras molestias causadas por su dentadura.

A la altura de las actuales tierras de As Nogais, el dolor es insoportable y la comitiva debe detenerse en el Mesón Herbón. ¿Quién podría aliviar a la reina? Todas las autoridades del lugar coinciden en un nombre, Luis Antonio Becerra Chao. Lleva a cabo extracciones de muelas y aunque no tiene titulación como médico, todos hablan bien de su pericia. No se hable más. Vayan a por él.

Habrá que imaginar los nervios iniciales y la calma posterior de Becerra, que se apresta a tan delicada intervención, pues ponen en sus manos la más importante pieza dentaria de España.

La operación sale con bien, pues cuando la reina llega a Madrid, le concede a Becerra la Cruz de la Orden de Isabel la Católica, que conlleva la consideración de Caballero Cubierto, es decir, la distinción de mantener el sombrero en presencia de los reyes.

En uno de los retratos que de él se conservan en el Museo Provincial de Lugo, se consigna también que es caballero de la Orden Americana.

En abril del año siguiente la prensa madrileña afirma que “el acreditado dentista Sr. D. Luis Becerra y Chao, ha trasladado su domicilio a la calle de Alcalá, núm. 28, cuarto principal”, lo cual acredita que se establece en la capital, aunque no por mucho tiempo, pues en mayo se informa que sale hacia tierras coruñesas “el aventajado profesor de cirugía y distinguido dentista”, que “deja en Madrid muy buenos recuerdos por sus admirables operaciones de la boca”.

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