El ministro invisible

Ahí los tienen, ganando el futuro

Hay un ministro que llaman por su figura el Huido. Dicen haberlo visto, pero nadie sabe cómo ha sido.

El ministro Castells iba a reaparecer ayer tras su monacal retiro pandémico para coordinar el inicio del curso antes de que toque clausurarlo con togas y birretes, pero fíjense qué mala pata, que después de ocho meses de inactividad no forzada, ha tenido que pasar el viernes por el quirófano a causa de algo de la espalda, “no grave, pero sí urgente”.

Hasta media mañana de ayer nada se supo de la intervención médica porque el ministro quería coordinar como fuese lo que hiciese falta, pero finalmente va a quedar para otro día.

No pasa nada. Mal que bien, las universidades españolas sabrán sobreponerse a la ausencia del ministro, del ministerio y de los respectivos directores generales, gracias a la máxima de Baltasar Gracián, “Más vale un grano de cordura que arrobas de sutileza”.

Además, que nadie lo dude, el ministro sí estará este jueves para seguir coordinando lo que sea menester con comunidades, universidades y merindades.

El único impedimento que puede truncar su comparecencia, prolongando así ad infinitum su desaparición de los ámbitos universitarios, es que de aquí al jueves se cumpla la profecía que el propio Pablo Iglesias ha expresado al otro extremo que une el cordón umbilical de Castells con el poder y que se llama Ada Colau.

_ Ada _ díjole Pablo no ha muchas lunas _, este otoño le vamos a cortar la cabeza a tu ministro. Confío en que sea una ejecución indolora y sin mucha repercusión mediática, ya que tampoco la tuvo su permanencia en el Gobierno.

Yo lo haría antes del jueves y que las universidades se fuesen coordinando ellas solitas; vamos, como siempre.

Así se gobierna en este país.

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