Hay más leyes

La polémica cede terreno ante el siguiente supuesto: Ya existe la ley y ahora son los jueces, funcionarios y alcaldes los encargados de aplicarla. Aparecen los primeros anuncios sobre objeción de conciencia y se recuerda que jueces y funcionarios no tienen excusa para cumplirla, mientras que los alcaldes, como ya ocurre hoy, pueden delegar en concejales o incluso en una persona encargada de las ceremonias.
Bien. Dicho así, da la impresión de que España es un país en el que, ley que se promulga, ley que se cumple a rajatabla, no ya por los ciudadanos, que siempre tendemos a la delincuencia, sino por las instituciones. Pero la realidad es muy distinta. España es un territorio de profunda veneración anarquista, machihembrado de ancestrales sentimientos religiosos y altas dosis de chulería. Esa combinación da como resultado, por ejemplo, que sólo en Cataluña sean 174 los ayuntamientos denunciados por el incumplimiento de la llamada ley de banderas, que su presidente Maragall se la pase por el arco de triunfo, que en Euskadi se aplique la Constitución que les parece y que en todas partes se piense por lo bajinis: “Ustedes hagan la ley, que ya buscaremos nosotros la trampa”.
Es muy loable que el Gobierno alardee de que la hará cumplir, pero no debe olvidar que ese cometido atañe a todas las que están en vigor, aunque a él le puedan parecer estúpidas. Si la desobediencia civil no es moneda de cambio para oponerse a los matrimonios que vienen, tampoco lo será para el resto de las disposiciones y aquí parece que sólo delinquen unos cuantos, mientras otros gozan de patente de corso.
Quizás si se percibiese con nitidez el celo de los gobernantes por el respeto a todas las normas de convivencia habría una mayor aceptación de las novedades legales, aunque como sucede en este caso, se opongan a quienes piensan que el matrimonio necesita de hombre y mujer.

Un comentario a “Hay más leyes”

  1. ncvxmbz

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