Medusa se mira al espejo

Medusa horrorizada de sí misma

Para ser 13 de agosto no son mancas las imputaciones que el juez Escalonilla realiza contra la cúpula administrativa y financiera de Podemos.

Agosto, un mes nacido para que no ocurra nada, para que el presidente sestee bajo un pruno y para que la aparición de un marrajo en cualquier playa concurrida dé lugar a una psicosis contra los escualos, deja este año acontecimientos propios de meses menos calurosos.

Tenía que ser así. El año entero es para enmarcar.

Hasta Abel Caballero, que era el referente de la pachorra política, se ha puesto nervioso. Hasta a Echenique le tiemblan las ruedas, Hasta Iglesias creyó oportuno pelarse, sin esperar a remojar sus barbas viendo las del vecino afeitar.

Todo se ha vuelto una oda a los principios consagrados en la Declaración de los Derechos Humanos. Bienaventurados los imputados porque a ellos les protegerá la presunción de inocencia. Bienaventurados los corruptos, porque siempre habrá quien les gane.

Pero Podemos nunca fue de esos. Le iban más los juicios sumarísimos y las ejecuciones inmediatas sin esperar pruebas ni sentencias. Seguramente habrán roto todos los espejos de su sede, porque si hoy se miran en ellos, Medusa y sus cien serpientes les devolverán un reflejo con tal fuerza que ninguno se salva de ser petrificado al instante.

Quede como quede toda esta substancia judicial, va a ser difícil sostener por más tiempo la existencia de la voluntad reformadora, purificadora y honrada que antaño exhibía la organización frente a la casta, porque aunque ya se sabía que los cobros en el extranjero son suficiente delito como para emplumar a quien los practica sin pudor, la malversación y las otras acusaciones que se le investigan tienen la fuerza desengrasante de los limpiahornos, tan grande cuanto mayor es la furia que desatan contra Escalonilla.

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