Cómo nació el comité

Momento preciso en el que los expertos deciden que Madrid no pase de fase

Hace dos días que el comité de expertos ya no es noticia. Así se explica que se rechiflen con peineta y lengua fuera. Les sale baratísimo y hasta se lo agradecen con un buen CIS.

Podrían haber inventado una Nasa en Almendralejo y negarla; un Louvre en Cuenca y negarlo; una mina de oro en Teruel y negarla, que todo les saldría a cuenta.

Dentro del manual de comportamiento en vigor, este episodio del comité de expertos inexistente supone un notable aumento en el grado de perversidad, que demuestra a la vez nerviosismo, falta de escrúpulos y gusto ilimitado por el engaño a la población.

Hay que imaginarse al espabilado de turno, a Sánchez, Redondo, Ábalos, Illa o Simón _alguien tuvo que ser _, diciéndoles a los demás:

_ Vamos a informar que hemos creado un comité de expertos para que vean que nuestras decisiones no son políticas, sino científicas.

_Vale, pero querrán saber quiénes lo forman.

_ Ya pensé en eso. Les decimos que es un secreto, porque queremos preservarlos de las presiones que iban a recibir por parte de las comunidades.

_ ¡Genial! ¡Además un comité así es gratis! ¡No cobran!

_ Y si algo falla, les echamos a ellos las culpas, y a otra cosa, mariposa.

_ Yo _interviene Sánchez _, voy a reconocer que asisto a sus reuniones y que aprendo mucho, porque mi formación no es científica.

_ ¡Menudo golpe de efecto, presidente! De esa forma todo el mundo creerá que usted tiene una formación jurídica.

_ Pues nada, convoca la tele a las tres para pillarlos en casa.

_ ¡Pero si los tenemos confinados! Están siempre en casa.

_ ¡Era broma, Simón! ¡Cómo se nota que llevas poco con nosotros! Nos encanta gobernar con una pizca de cachondeo. Somos la alegría de la huerta.

_ ¡Viva España!

_ ¡No te digo, lo rápido que aprendes!

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