Rodríguez del Busto, o cómo unir el Pacífico y el Atlántico

Natural de Ribadeo, se hace millonario en Córdoba y redacta un proyecto para atravesar Argentina en barco

LAS FUENTES ESPAÑOLAS sobre Antonio Rodríguez del Busto (Ribadeo, 1848), apenas citan el momento culminante en la vida de este polifacético personaje, mente preclara e incansable estudioso de casi todo.

Se inicia en las Escuelas de Náutica y Comercio para ingresar luego en la Armada de Guerra en Ferrol. Unos dicen que marcha a Argentina ávido de aventuras y otros, que llega de la mano de un pariente. Como el país está en guerra con el Paraguay, participa en ella y luego se acomoda en Córdoba, donde se casa con Jerónima Escuti Funes y donde es intendente o alcalde.

En la ciudad hace muy buenas compras de terrenos en la zona donde Córdoba va a crecer y consigue un capital considerable. Al tiempo lidera el pensamiento de la ciudad a través de las tertulias de intelectuales y de artículos de prensa. Rodríguez del Busto siempre es el dueño de la última información sobre avances y acontecimientos mundiales. Por eso en la prensa lo trata, bien de “culto publicista”, bien de existoso millonario.

Es autor de trabajos científicos presentados en congresos y de obras como Peligros Americanos, Autonomías Municipales, El dique San Roque, El Rey don Pelayo y el Fuero de Sobrarbe, Apuntes para la historia de la legislación, Cuestiones argentinas, Origen y desenvolvimiento de la especie humana, Color y lenguaje, etc.

Fue director del Eco de Córdoba, El Progreso _ el cordobés _, El Interior y las revistas El Jaspe y El Moro Tarfe, que a la vez es su seudónimo. El año 1912 visita varios archivos de Lugo en busca de documentación para una de sus obras.

El momento al que nos referíamos al principio llega el año 1922 en el Congreso Internacional de Ingeniería civil, celebrado en Río de Janeiro, donde Rodríguez del Busto presenta el proyecto de un canal que atraviese Argentina para unir los océanos Atlántico y Pacífico.

La lejanía del canal de Panamá, y la peligrosa navegación por el sur justifican la obra. Según el ribadense, el lago de Buenos Aires y su prolongación natural, el lago Bertrand, reúnen las condiciones favorables para su construcción. Partiría de Comodoro Rivadavia, en el golfo de San Jorge (O. Atlántico), para llegar al golfo de Peñas (O. Pacífico).

Sus cálculos contemplan una obra no excesivamente costosa, aunque sería preciso emplazar en el río Baker cierto número de esclusas de menor importancia. En cuanto a la alimentación del canal, bastaría para garantizarla el lago de Buenos Aires con sus 42 ríos y arroyos.

Por lo que al trazado se refiere, es evidente que debería acondicionarse la configuración del terreno a través del valle del Deseado, para cruzar el río Arquegueguel y dirigirse después hacia el Este.

La obra está reflejada técnicamente en su publicación Altitudes y canalización, y hasta ese momento se pensaba que era totalmente irrealizable, aunque el coste hace que se acabe desestimando… hasta ahora.

El New-York Herald y The Herald se ocupan del asunto con grandes elogios. Él mismo escribe del canal en la prensa española, como El Imparcial, La Voz de Guipúzcoa y España Moderna.

En 1925 conferencia en el Centro Gallego de Madrid y es presentado por Basilio Álvarez. También visita en varias ocasiones Ribadeo, a la que hace una donación de 2.500 pesetas con destino a una imagen religiosa que no llega a adquirirse.

Muere tal día como hoy de 1928 en pleno Océano Atlántico, a bordo de un barco que lo traslada desde España a Argentina. Todo un símbolo de una vida a caballo de ambos continentes.

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