La estrategia del elefante

¿Cuántos hay? ¿Quinientos, quinientos uno…?

Para decir algunas de las cosas que se están oyendo, por ejemplo, sobre la eliminación directa de las personas mayores, hay que ser un auténtico mal nacido, que es una expresión extremadamente fina y biensonante para los merecimientos de estos nuevos inquisidores salidos de las cloacas más putrefactas del pensamiento humano.

Si pensamos que algunas de estas personas están relacionadas con formaciones que estos momentos se ocupan de la gobernación de España, o que directamente son sus líderes o portavoces, un escalofrío te recorre el espinazo y una sensación de impotencia se apodera de tu ánimo, similar a la que debieron sentir los judíos alemanes cuando descubrieron la catadura de la bestia parda que habían encumbrado hasta las máximas instancias políticas del país, apoyándose en las cuales se hizo con el resto de los poderes que ni siquiera estaban contemplados en ellas.

En nuestro caso, el poder se lo hemos mediodado a uno, que apoyándose en los otros, lleva a cabo una gobernación de la que se hablará largo y tendido, si de esta queda un papel y un lápiz para contarla.

Son ya tantas y tan espantosas muestras del odio que los dos personajes principales de este drama sienten hacia España y los españoles, que es lícito sospechar la puesta en práctica por su parte de la estrategia del elefante.

Sí, ya saben. ¿Cómo es posible meter un elefante en la playa de A Rapadoira sin que nadie se entere?

Muy fácil. Introduzcan primero quinientos paquidermos en el arenal, y cuando llegue el que queríamos colar, nadie se enterará.

Aquí están saturando el panorama de tantas animaladas, mentiras, traiciones y felonías, que nadie reaccionará cuando comience a ser obligatoria la boina roja.

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