Régimen de adelgazamiento

Los diputados no guardaron la distancia de adulación

Entre Iglesias llorando a moco tendido porque los golpistas han vuelto a la cárcel y Sánchez dándose continuos baños de aplausos desde su bancada, es difícil reconocer en lo que tenemos el perfil de un gobierno que aporte confianza y fortaleza para los complicados días actuales. Más parece un régimen de adelgazamiento.

De lejos se ve que están a lo suyo y que lo suyo no coincide ni con las resoluciones de la justicia, ni con las reclamaciones del sector turístico, ni con la creación de empleo, la seguridad ciudadana, los intereses internacionales y varios etcéteras.

Iglesias trata de explicar su distanciamiento de los objetivos propios de un gobierno regido por la Constitución de 1978 y aduce que sus objetivos son opuestos, pues lo que pretende es abatir ese texto y sustituirlo por otro donde él pueda mangonear a su antojo cual fiel retoño del Gorila Rojo. Dicho en ripio.

Pues bien, si usted tiene ese objetivo, ¿a nosotros qué coño nos importa? Usted está en ese puesto gracias al contrato de inquilinato en vigor, es decir, los artículos del 78, pues de lo contrario, cuando Hacienda nos reclame la declaración anual, vamos a decirle que nuestro objetivo en esta vida es que no haya impuestos. ¿Se comprende la sandez del rapaz que se come con arroz la paloma de la paz?

Quien lo consiente es la otra pata de la bancada, el hombre que llena varios armarios con sus principios inquebrantables, incapaz de repetir uno de ellos porque son trajes hechos a la medida, de la noche a la mañana, de acuerdo con las necesidades de cada momento, como sabía a la perfección el más brillante especialista español del género, Carlos García-Calvo, encontrado muerto ayer en su domicilio.

La combinación de ambos elementos, aderezada con los brotes tiernos de la periferia da una ensalada que nos va a dejar en los huesos.

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