Aprendiz de eminente

¿Alguien puede creer que son buenas noticias para España?

Me imagino las indescriptibles caras de espanto que se les quedó a los hosteleros cuando en el mismo día escuchan sucesivamente: 1.- que a ingleses, alemanes y belgas se les recomienda no venir a España, o a alguna de sus variopintas tierras, 2.- que el Gobierno se pone manos a la obra para aminorar sus efectos catastróficos y 3.- que Simón no cabía en sí de gozo, “porque la recomendación desincentiva que venga gente” de allí.

Señor Simón, ¿me podría repetir lo que ha dicho? ¿Está usted contento porque si les recomiendan no venir van a tener menos incentivos para venir? En términos de salud y económicos vamos hacia el desastre, pero gramaticalmente el panorama es todavía peor.

Recuerdo a un estudiante de periodismo que había escrito algo parecido e intentaba publicarlo. Decía, poco más o menos, que la excelente cosecha de trigo era una gran noticia porque suponía una excelente cosecha de trigo.

Claro que aquel hombre no era director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias, ni estaba hablando para millones de personas que viven amenazadas por una pandemia contra la que todavía no se conocen buenos resultados y que luchan a diario contra una ruina económica que se cierne sobre sus negocios. Era solo un aprendiz de plumilla.

Cuando Simón comenzó a aparecer en nuestras vidas de forma continuada con meteduras de patas insoslayables, me dijo un amigo: Mucho cuidado con criticar a Simón. Es una eminencia.

Y la verdad es que le hice caso. Quien tenga la paciencia de repasar esta sección verá que Simón sale bien parado.

Hoy no niego que sea una eminencia, pero intuyo que su papel dentro de un gobierno caótico como el presente le incentiva a decir vulgarismos de aprendiz cada dos por tres.

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