Camino del Gólgota

El libro del abuelo de Iglesias sobre Lorca

Eres un personaje público, estás en un bar y de repente comienzan a insultarte. Hijo mío, eso no es un escrache; eso es que caes gordo.

Y no vamos a ser nosotros quienes dejemos de defender que aún es esos casos el señalado no merezca estar libre del insulto, el oprobio, la ignominia, el baldón y la afrenta pública. Pero qué quieren que les diga. A la gente le da por pensar que los personajes públicos, por muy políticos que sean, deben ganarse la simpatía con sudor y apostura, porque de lo contrario, puede suceder que se crucen con ellos y les suelten cuatro frescas.

No es escrache porque nadie ha ido en busca de Monedero a su domicilio, ni hubo pasquines convocando un boicot al paisano. No, lo ven, lo identifican y dan rienda suelta a sus íntimos sentimientos, no los más elevados precisamente. ¿Mal hecho?

Mejor hubiera sido que se tomasen unas rondas de manzanilla en amor y compañía, pero cuando no te sale del cuerpo, nadie te puede exigir que seas un hipócrita.

Siendo Monedero uno de los apóstoles de los auténticos escraches a domicilio y habiendo tildado a los críticos con el Gobierno de golpistas, gilipollas, hemofílicos e indecentes, debería pensar que en algún momento se la devolverían a la cara; porque, que se sepa, todavía no ha llegado a intocable, que tal parece el objetivo final.

En cualquier caso el episodio de Sanlúcar de Barrameda alcanza su apoteosis cuando el fundador de Podemos se compara con Lorca, pues se siente tan masacrado como el poeta. A eso le llaman egolatría por falta de abuela.

Y todo porque el escenario era un bar andaluz. Si le llega a ocurrir en Jerusalén, Monedero habría dicho: “En esta tierra hubo dos crucifixiones trascendentales, la de Jesucristo y la mía”.

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