La piel del gallego

¿Malos? No son ni resultados

No recuerdo ni un solo titular de prensa en el que la palabra Podemos vaya unida a algún tipo de mejora para el ciudadano de clase media, productivo, pagador de impuestos, con hijos o sin ellos, con vivienda propia o alquilada, respetuoso con las leyes tradicionales de pensamiento, palabra y obra; que no alardea de su sexualidad, sea la que sea; que no codicia los bienes ajenos, que aspira a seguir trabajando o a hacerlo por primera vez, pero no a recibir una limosna gubernamental a cambio de no hacer nada en esta vida, como lapas pegadas a una roca que esperan ansiosas la llegada de la marea, pero a la que ni se les ocurre desplazarse unos centímetros para recibirla antes, a pesar de que curiosamente, a su cuerpo se le da el nombre de pie.

No lo recuerdo porque seguramente no se ha producido en los años que esta formación lleva de existencia, incluidos los meses en los que forma parte del gobierno.

En las pasadas elecciones gallegas fueron borrados de la representación parlamentaria casi por ensalmo. Toma 14. Devuélveme los 14.

Comentamos entonces como posibles razones de la debacle los líos internos en Galicia, la actitud arrogante del matrimonio Ceausescu que lo dirige, los problemas legales de Iglesias, y otras causas coyunturales, pero no se especuló con la posibilidad de que realmente los gallegos se hubiesen dado cuenta de que Podemos no había nacido para solucionarles ninguno de sus problemas, sino para hablarles de otros que no tienen, porque no lo son, salvo que se traten de imponer.

Ante engaños de semejante catadura, la piel del gallego, que suele ser gruesa e impenetrable, alcanza la máxima ligereza y sensibilidad para percibir que alguien trata de tomarle el pelo y cambiarle votos por dictadura.

Y ahí sí que no. La dictadura tendrá que ser a la fuerza.

Comenta