Aplausos sin causa

El aplauso de la ruina

Está demostrado que los políticos españoles saben aplaudir. Los ministros aplaudieron a Sánchez en su regreso de Bruselas, haciéndole el pasillo y todo, como a los de Zidane, y ayer en el Congreso, sus señorías socialistas se pelaron la palma de la mano por el éxito conseguido, mientras sus señorías populares hicieron lo propio con Casado en un derroche de parabienes que no sé a qué viene.

Ni para unos, ni para otros, porque la cosa no está para felicitarse, sino para apretarse el cinturón.

Lo que trae Sánchez de Bruselas es un rescate, menos favorable incluso de lo que él pensaba, pero rescate; o sea, préstamo; o sea, condicionado; o sea, conforme a las directrices europeas; o sea, opuesto a las políticas anunciadas por el gobierno bicéfalo de Sánchez-Iglesias.

¿Quieren aplausos? Pues para empezar van a tener que reducir el número de palmeros; esto es, adelgazar lo que llaman la improductiva industria política, que en el caso español se ha disparado.

Las condiciones del préstamo se van a saber con sumo detalle y entonces cabrá preguntar a ministros y diputados qué coño aplaudían aquellos días de julio, si en el fondo se les estaba yendo el programa por la cañería.

Y a Iglesias, lo mismo. Ese vicepresidente que se niega a compartir el rechazo a la pregunta-trampa de Bildu contra la Jefatura del Estado, tiene que estar seriamente preocupado con lo que trae Sánchez de Bruselas, porque deberá trabajar para cumplir las condiciones del crédito.

La única forma de mantener ministros comunistas dentro del Gobierno español es que se comporten como liberales y dejen de ser comunistas. Eso, entre otras muchas cosas que vienen en la letra pequeña de la póliza. E incluso en la grande.

Y a todo añadamos un freno de emergencia que podrá accionar cualquier país si observa conductas desviadas.

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