El dibujo y la carne

El dibujo. A Miguel Ángel Blanco no lo ponemos

Propongo la denominación de eclesiásticos como neologismo para los seguidores de Iglesias; ireneos, para los de Montero _ si tiene alguno _, y carteristas, para los de Monedero, ese señor que se compra una chaqueta y no le quita la etiqueta para que se vea que no sabe usar esas prendas.

Pues bien, eclesiásticos, ireneos y carteristas se muestran muy indignados por la ilustración del último artículo de Pedro J. en donde se ve que Iglesias se pega un tiro en la boca y le sale por detrás revolviéndole al aire la coleta.

Curiosamente, esos mismos personajes y muy especialmente sus epónimos se muestran encantados de pactar, posar y abrazarse, no con los que dibujan ilustraciones más o menos subidas de morbo, sino con los que las protagonizaron a mansalva dejando un reguero de muertos que todavía hoy tratan de vender como fruto de una acción política, popular y simpatiquísima.

Hay que disponer de un rostro feldespático para presumir de papá en el FRAP, de socio en Bildu y de financieros en Irán y Venezuela, y sin embargo llevarse las manos a la cabeza porque un dibujante te ha puesto en modo Adiós mundo cruel.

Eso sí, para colocar la diana sobre una imagen del rey que no avisen a nadie porque allí están ellos en primera línea, sabiendo que su casa se la guardan ciento y la madre de guardias civiles. Son dos pájaros de un tiro. Galapagar custodiado y docenas de lugares libres de vigilancia donde es mucho más fácil buscar la ruina del país.

Javier Muñoz, que es el autor de la ilustración, del mismo modo que antes lo hizo Ricardo, es un trabajador del dibujo; como Pedro J. es un trabajador de la palabra, reconocidos los tres entre los mejores de Europa, por The Guardian, por ejemplo.

Quizá sea ese aspecto, el trabajo que ejercen, lo que los eclesiásticos no entienden.

Un comentario a “El dibujo y la carne”

  1. sintrom

    Murió en acto de servicio (WC) estreñido y compungido.

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