Constantino Lourido, treinta panaderías en Buenos Aires

El industrial de Riotorto también escribe el libro “A Galicia, tierra meiga”

CON 19 AÑOS, Constantino M. Lourido Cabanas (Riotorto, 1900) se lanza a la conquista de Argentina, llevando para ello su ilusión y su trabajo. Recuerda haber llegado a Buenos Aires el 11 de julio de 1919 y entrar como obrero en las panaderías de su primo José Loureiro Cabanas, con las prisas lógicas de quien quiere ver cuanto antes el resultado de su esfuerzo.

Tres años después, en 1922, encuentra la posibilidad de establecer un negocio por su cuenta, pero la suerte no estaba ahí y debe esperar hasta abrir un local en la calle José M. Moreno 334, llamado Confitería Sávona. Pronto lo convierte en un establecimiento de éxito, momento que aprovecha para venderlo y con las ganancias obtenidas, montar su red de panaderías.

Eso fue en 1927, cuando se instala en la calle Segurola 2381 del barrio de Villa Devoto, donde va a nacer el auténtico embrión de su posterior emporio comercial. Desde 1925 ya está casado con Querubina Llousas Lousas, natural de Sadrarín, lugar de San Xurxo de Piquín, en el ayuntamiento lucense de Ribeira de Piquín.

Antes de cumplir los diez años de estancia, la marca Lourido ya es sinónimo de éxito. El segundo establecimiento lo abre en Avenida Tres Cruces 4271; y así sucesivamente, Lope de Vega 1864, Bermúdez 2476; y el quinto en la calle Nueva York Nv 4977, hasta los treinta que reúne en su época.

Sus productos ganan el diploma y la medalla de oro en la Exposición de Florencia, y la mención honorífica en la Primera Exposición Argentina, como hitos significativos. También es el fundador y primer presidente de la sociedad Patrones Panaderos de Villa Devoto.

En 1933 cumple su segundo sueño, que es regresar a su parroquia natal de Santa María de Galegos (Riotorto), uno de cuyos lugares es precisamente el de Lourido. Su interés fue entonces agradecer a la patrona lo logrado en Argentina y realizar diversas donaciones benéficas.

Luego el matrimonio continúa viaje para conocer Francia, Alemania, Italia y Bélgica, donde se informa de los avances técnicos en su sector de panificación y los refleja en el órgano periodístico de sus colegas, La Intermediaria Panaderil.

Durante ese viaje se vincula al Consorcio de Panaderos de Madrid y de Francia, al Sindicato de Patrones Panaderos de París y a otras entidades. La célebre Casa Krupp lo invita a conocer sus fábricas.

En julio de 1937, Lourido presenta al ministro de Agricultura “la imposibilidad de obtener un producto de panificación de tipo similar al de los industriales que emplean el llamado “mejorador”, debido a las constantes variaciones de las harinas en su calidad”.

Finalmente consigue que el ministro Miguel Ángel Cárcano establezca desde el 30 de enero de 1939 la tipificación de harina y se eviten los llamados mejoradores.

También destaca en su labor humanitaria. Con motivo del terremoto de San Juan envía el primer cheque de socorro a los damnificados, e igualmente dona una sala de Maternidad para el Hospital de la localidad de Pilar.

En 1954, tras 35 años de residencia en Argentina, regresa a Galicia para permanecer varios meses con su mujer y sus dos hijas, María Amalia y Laura.

Entonces ya había publicado el libro “A Galicia, tierra meiga”, con versos dedicados a cada una de las provincias gallegas, y otros.

En ese momento anuncia que prepara sus “Memorias de un inmigrante”, en recuerdo de todos los que como él marcharon a América.

Constantino fallece en Buenos Aires el 22 de marzo de 1960.

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