Ramón Falcón, el barbero de la muralla

Promueve la Operación Muralla Limpia que dejará libre de edificios la ronda exterior del monumento

UNO DE LOS testigos que firma en la boda de Ramón Falcón Rodríguez (Castro de Rei, 1925) es Hernán José Cunqueiro Mora, hermano del novelista y viudo ya de Alicia Tella Villamarín, hermana a su vez del padre de la desposada, Pepita Tella Pillado.

Es el año 1958 y el novio luce el uniforme de jefe de administración civil del Ministerio de Educación Nacional. Su padre, Francisco Falcón Rancaño, también es viudo desde tres años antes de Generosa Rodríguez López. El mayor de sus hijos, Francisco, es secretario particular del director general de Enseñanza Primaria, Eduardo Cantó Rancaño.

Ramón había terminado el bachillerato en el Instituto de Lugo el año 1944 consiguiendo uno de los tres premios “Pedrosa Posada” _ precisamente el “Ramón” _, a los mejores expedientes, compartido con Cristina Bal Piñeiro y Victoria Vázquez Boado, lo cual demuestra que las mujeres ya pisan fuerte en el 44.

Para Lugo el nombre de Ramón Falcón empieza a sonar fuerte a partir del 28 de abril 1972, cuando se celebra el acto simbólico para el inicio de la Operación Muralla Limpia que a lo largo de dos años va a eliminar las 85 edificaciones adosadas al exterior del monumento lucense.

Por supuesto, desde un año antes, cuando la operación se aprueba, y en los siete anteriores, cuando se gesta, Falcón es un apellido que se oye con frecuencia en la ciudad y no siempre al lado de buenas palabras, porque entre los propietarios hubo división de opiniones. Nada que no fuese de esperar.

Pero cuando los lucenses lo ven en esa fecha, al lado de Florentino Pérez Embid, su superior jerárquico como director general de Bellas Artes, dando paso a la demolición de un edificio próximo a la Porta Nova, la primera de las 85 que están previstas realizar, ya no les quedan dudas de que está naciendo una nueva ciudad, orgullosa de haber conservado un muro y unas torres que otras muchas ciudades tiraron por la borda. Y eso que Lugo nunca se distinguió por su conservadurismo arquitectónico.

Entonces se habla de un plazo de un año y de dos cifras, 114 millones de pesetas por un lado y 200 millones por otro. ¿Quién sabe lo que puede pasar?

Para remarcar un día tan especial en la historia de la ciudad, además de Pérez Embid, y de Falcón, a quien todos reconocen su decisivo papel en la operación, está en Lugo Antonio Iglesias Álvarez, el pianista orensano que en aquel momento es subcomisario general de Música y que anuncia el programa de la III Semana de Música del Corpus que tendrá lugar el mes siguiente, con dos conciertos de la recién creada The London Masterplayers Orchestra, y dos solistas consecutivos, el violinista Pedro León y la clavecinista polaca Elzbieta Stefans-ka-Lukowitz. Así como otros de José Iturbi, la Orquesta Sinfónica de Bilbao, el Coro de la Escuela Superior de Canto de Madrid y otros que hacen una edición memorable.

Antonio Iglesias, como sabe el lector, es el padre de la periodista María Antonia Iglesias, fallecida en 2014.

Ramón Falcón recibe numerosos reconocimientos. En Lugo se da su nombre a una plaza de la avenida de A Coruña y a la Escola de Artes e Oficios. En 1973 el Centro Gallego de Madrid lo nombra su presidente de honor junto con Leopoldo Calvo-Sotelo, para reconocerle su papel al frente de la Sociedad para el Desarrollo Industrial de Galicia.

Lugo ofrecía así un aspecto remozado para celebrar en 1975 su Bimilenario, aunque en ella quedará para siempre el latiguillo de decir que no se le agradeció lo suficiente. Quizás.

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