En modo niño

Los libros de texto

Gobernar en modo niño, entre caprichos y rabietas, no debería tener ni la más mínima oportunidad de acabar bien, pero vaya usted a saber, porque estos infantes, Pedrito y Pablete, además de serlo, se han leído a Guillermo el Travieso, de Crompton, con intensivas clases de apoyo a base de Dennis the Menace, de Hank Ketcham, es decir, Daniel, también el Travieso.

La cantidad de trampas, subterfugios, mentiras, manipulaciones, engaños y demás bazofia política que acumulan en el breve tiempo que llevan juntos, más los cometidos por separado, espeluzna el espinazo y congela el plasma.

Vamos a perdonarles el cincuenta por ciento, porque la oposición exagera y porque los periodistas no afines, que alguno hay, los anteponen a sus éxitos, que alguno tienen.

Así se explican sus pactos. Son tal para cual, capaces de anteponer la cena al almuerzo si con ello obtienen un rédito, o lo que ellos interpretan por rédito, pues todavía no hemos tirado la toalla para dejar de pensar que el modo niño no pasa factura.

La intrahistoria que se adivina tras el cuenteo de víctimas y contagios en la pandemia, los chanchullos para disimular el perfecto conocimiento de la peligrosidad del corona antes del 8M, los polémicos movimientos de cargos en la Guardia Civil, el delcygate, el acoso de la DEA a Iglesias y Zapatero, el móvilgate de Dina Bousselham, entre otros, son nubarrones de calado que amenazan, y de qué manera, al gobierno español o a una parte substancial de él.

Así se explica también que con una frecuencia cada vez mayor salten a la actualidad absurdas polémicas de chicha y nabo que entretienen y rebajan la elevada acidez estomacal que domina el panorama.

Hace poco se refería Montero a una necesaria mirada crítica de la historia. No va a hacer falta. Basta la de andar por casa.

Comenta