Lo que queda del día

El libro

La última entrega de Fernando Jaúregui se llama La ruptura y en ella propone que no se consume. Sí, que no se consume la ruptura a la que nos conducen los tiempos y los políticos, los nacionales, los nacionalistas y los internacionales. Los jueces, los periodistas y hasta los curas. Y añadamos las pandemias víricas, las multinacionales del aluminio y los presentadores enloquecidos de la prensa rosa. Contado todo ello desde la silla de pista que ocupa desde que es periodista,

Habla también de los estómagos agradecidos y los paniaguados. Esa es la idea, que nadie se sienta libre de responsabilidades con lo que pueda venir, si lo que viene es un descarrilamiento sobre aguas turbulentas.

Que nadie pueda afirmar: Fue el maquinista. Y quedarse tan satisfecho. ¿Qué podrías haber hecho tú por evitarlo? Pregúntate cuanto antes al modo kennedyano. Lo hago, pero siempre lo dejo para mañana y nunca mañaneo.

En realidad el planteamiento es todavía más trágico. Esa ruptura con lo que conocíamos ya está en marcha y las grietas afectan a todos los estamentos, poderes e instancias. Si no existe un auténtico descarrilamiento es cuestión de tiempo.

¿Y propone algo?

Sí, claro. Lo mismo que inspiró a la generación del 98, lo mismo que hizo posible el espíritu de 1977, lo que siempre debe aparecer en situaciones desesperadas, una regeneración unitaria, fuerte y alentada por los mejores. ¿Estamos en condiciones?

Dos dardos finales que lanza Fernando. Uno es para Sánchez, un político que fía todo a la imagen y lo sacrifica todo a su superviviencia política, así le cueste a él mismo noches en vela.

El otro es para su propio gremio, el de los periodistas, de los que se siente defraudado. De acuerdo, pero como ya dijo Mariano de Cavia en 1898, visto lo que dejamos atrás, todo lo que nos queda por delante es hacerlo bien.

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