Pepe Luis Lucena, un espontáneo como El Cordobés

Sale de O Saviñao dispuesto a triunfar, se tira al ruedo en Barcelona y Pedro Balañá lo rebautiza

CUANDO MUERE MANOLETE, José Luis Doltón Rivas (O Saviñao, 1937) tiene tan solo diez años, pero ya sueña con imitar al maestro y aunque debe pasar todavía el tiempo, su ilusión se va a mantener hasta que con los 17 cumplidos emprende su periplo como maletilla con el mismo espíritu de Manuel Benítez y otros tantos aspirantes a toreros.

“Cuando me enteré de la muerte de Manolote, me entró el hormiguillo”, dice queriendo expresar que lo que le ha entrado es el gusanillo.

“Estoy dispuesto a los mayores sacrificios y lo intentaré a pesar de lo peligroso de mi empeño”, dice José Luis de la misma forma que El Cordobés dirá entonces: “O llevarás luto por mí”.

Con 17 se escapa de su casa y llega a Salamanca, donde trabaja en una dehesa. Conoce a Joseti Clavel, que le ayuda en sus primeros lances con los novillos y va con él a Barcelona.

Cuando puede se tira al ruedo, como es propio de los maletillas. Los espontáneos, se llamaban. Antes de que lo pillen le da tiempo a trenzar cuatro pases y el muchacho sale muy contento de la experiencia.

En Barcelona _ quizás después de saltar al ruedo _, conoce al famoso empresario Pedro Balañá, propietario de la plaza Monumental y es él quien le aconseja cambiar de nombre y ser a partir de ese momento Pepe Luis Lucena. El nombre, porque es el suyo; y el apellido, ¿por Lugo? ¿O porque el cantante Luis Lucena interpreta el pasadoble El Cordobés, otro espontáneo como él?

“Chamaco tampoco es su apellido y ya se ve lo que torea”, se disculpa el muchacho.

Tiene que volver a Lugo para que los padres firmen un permiso para torear, pues es menor de edad. Ellos se niegan, pero al ver que tiene una carta de Balañá, ceden y firman.

Rebautizado por el empresario, logra una novillada con picadores en Sevilla, otra en Valencia y el 23 de junio de 1957 vuelve a la ciudad condal para intervenir en el “Sensacional espectáculo cómico-taurino” de la verbena de San Juan, con Luis Barceló, Pepe Alférez, la Banda del Empastre y otros números. Él es presentado como “el valiente novillero Pepe Luis Lucena”. El 28 de abril de ese año se había lanzado El Cordobés en Las Ventas como espontáneo.

Le llega entonces la hora de hacer la mili y le toca Lugo. Un año después va a Escairón y en Monforte lo entrevista el corresponsal de El Progreso, Otervald, a quien confiesa que volverá a Salamanca para situarse definitivamente en el mundo del toreo. Tiene 21 años y todas las ganas del mundo.

Quiere que lo contraten en novilladas de Madrid o Barcelona, pero no descarta regresar a la dehesa de la ganadería de Pinohermoso, donde ya había trabajado, a la espera de que le llegue su oportunidad.

Los acontecimientos no le sonríen. Hacía cartel para una becerrada en Pontevedra, pero el espectáculo se suspende por la lluvia.

En este segundo viaje en pos de la fama le acompaña la persona a la que Pepe Luis define como su protector y apoderado, Manuel Álvarez Gino, también natural de O Saviñao.

El periodista le desea fuerte y que lo favorezca la Virgen de los Dolores, venerada en su lugar de nacimiento, y reflexiona: “Si de Escairón salen hoy en día excelentes futbolistas, ¿por qué no puede salir también de esa bella comarca el torero de Galicia?

Pepe Luis destaca con la muleta, pone bien las banderillas y se defiende a la hora de matar. Ahora que ya no puede ver a Manolete, su ídolo ha pasado a ser Antoñete, a quien sí lo ve en Madrid.

_ ¿Por qué eres valiente?

_ Porque soy gallego.

¿Qué habrá sido de él?

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