Carmen Correa, en el reparto de 23 películas

La actriz de Baleira fue objeto de un homenaje por la Semana Internacional de Cine de Autor de Lugo en 2006

A LA TENACIDAD de Manuel Curiel se debe que hoy conozcamos a la actriz Carmiña Correa Castedo (Baleira, 1933). A lo largo de nueve años, el director de la Semanal Internacional de Cine de Autor de Lugo persigue la pista de la mujer para que el festival le dedique una de sus ediciones como homenaje y recuerdo, así como el libro de su autoría, Carmen Correa, do Queirogal ó cine.

Después de lograrlo y tras algún contratiempo imprevisto, Carmiña Correa pudo venir a Lugo en 2006 y darse a conocer ante sus paisanos, ignorantes hasta ese momento de que en el reparto de aquellas 23 películas había el nombre de una lucense.

Ella cuenta que su familia de O Queirogal, en San Lourenzo de Pousada, era muy humilde. Los padres y los siete hermanos apenas tenían garantizada la alimentación, de modo que una vez acabada la guerra y tras fugaz paso por la escuela de Vilar, aprovecha la amistad con una prima que reside en Madrid y en 1942 muda su mínima aldea por la populosa capital.

Empleada doméstica primero, y en una tienda después, su vida cambia de repente cuando lee en un periódico que un laboratorio cinematográfico busca una mujer para un puesto de trabajo como reparadora de las películas deterioradas con el fin de utilizar la copia en los cines de reestreno. Pagan 2.000 pesetas, que no está nada mal.

Se queda con el puesto y siempre recordará las prevenciones que le hacen para manejar materiales tan inflamables como aquéllos.

Cuando en el laboratorio se monta El expreso de Andalucía (1956), de Rovira Beleta, lo frecuentan el director y los hermanos Boué Pedregal, Agustín y Carlos, productores de la película. La belleza de Carmen no pasa desapercibida a ninguno de ellos, y así, mientras Rovira Beleta le habla de un pequeño papel en su próxima cinta _ Historia de la feria (1957) _, Carlos Boué inicia con ella un noviazgo que acabará en matrimonio.

En los siete años siguientes, Carmen Correa va a participar en 23 películas, que además de la citada, son: El ángel está en la cumbre (1958), de Jesús Pascual; El emigrante (1958), de Sebastián Almeida; El traje de oro (1959), de Julio Coll; Altas variedades, de Rovira B.; El inocente, de José Mª Forn; y La rosa roja de C. Serrano de Osma, (1960); Regresa un desconocido, de J. Bosch, La cuarta ventana, de Coll; Carta a una mujer, de Miguel Iglesias y El último verano, de J. Bosch (1961); La boda era a las doce, de Julio Salvador; Trampa mortal, de Antonio Santillán y Senda torcida, de A. Santillán (1962); El mujeriego, de Francisco Pérez Dolz; Isidro el labrador, de Rafael J. Salvia; Vida de familia, de José Luís Font; y La barca sin pescador, de JMª Forn (1963); Una madeja de lana azul celeste, de José Luís Madrid; y Arriba las mujeres de J. Salvador (1964). En Sin bragas y a lo loco, de 1982, se encargará del maquillaje.

“Hay muchas que no llego ni a ver”, dice para quitarse importancia, pero recuerda con especial viveza haber coincidido con Concha Velasco y Conchita Bautista _ “nos llamaban Las Tres C” _; con Dolores Abril en El emigrante y con Arturo Fernández en El último verano.

La Semana de 2006 proyecta cinco de ellas y organiza una exposición sobre su vida. Para que el homenaje sea perfecto, el Ayuntamiento de Baleira la nombra hija predilecta y le dedica una calle.

Allí acude con su hija Mamen y se encuentra con su primo Emilio Correa Seijas. A Mamen no le agrada que en su turno de agradecimiento, Carmen diga que los catalanes son menos cariñosos que los gallegos.

Ayer Carmen habrá cumplido 87 años.

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