Los revisionistas

Antes se le llamaba gamberrada y listo

La lucha actual es la de siempre, entre los que hacen y los que deshacen. La diferencia es que ahora los segundos ganan partidarios porque la destrucción no la impulsan a través de la cabeza sino de los calentones.

El calentón no es como los de antes, en la última fila de los cines. Eso está más pasado que los gorros de dormir con cenefa. Los de ahora se agarran con una foto y una frase en twitter. Mejor si hay vídeo y mejor todavía si la frase se reduce a un lema. E incluso, estupendo de la muerte si se puede reducir a unas siglas. Con MKGD todo el mundo entiende que significa me cago en diez y de ahí padelante.

Antes había que hacerse marxista y eso, por muy acelerado que fuese el cursillo, exige la lectura de El capital, cuatro cosillas de Engels, y para sacar nota, echar una ojeada a las Tesis sobre Feuerbach.

Hoy llega una cita: “Esta tarde a las cinco chimpamos a Fray Junípero Serra”. “¿Por qué?” “¿Qué cosas tienes? Tú empuja y calla”.

Le llaman revisionismo histórico, pero si fuera así, lo mínimo que esperarías encontrarte detrás de la palabreja es a mil tíos atiborrando las bibliotecas de los Estados Unidos durante meses, para salir luego de ellas con un discurso incendiario en una mano y el Manual del Buen Revisionista en la otra.

Ja. La vida es breve, brother. No dejes para mañana lo que puedas derribar hoy. ¿Ves? Ahí tienes un buen lema para seguir. Y mucho mejor sus siglas NDPMLQPDH.

Podía darles por escribir lo de Ryoki Inoue, el alias de José Carlos Ryoki de Alpoim Inoue, que iba por las 1.100 novelas publicadas la última vez que se las contaron, pero que al pasar una semana, va el tío y te destroza la contabilidad.

Está bien, de acuerdo. Lo de Ryoki es una barbaridad, pero lo de estos otros es una bestialidad.

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