Secundino Gallego, un bedel entre los sabios

El concursante de Outeiro de Rei gana Las diez de últimas en una reñida contra una experta cervantina

A SECUNDINO GALLEGO Trigo (Outeiro de Rei, 1928) se le recuerda por haber ganado el programa de TvE Las diez de últimas, aunque muchos se confunden y dicen que es Un millón para el mejor.

Sus conocimientos sobre los pájaros, su viveza en el dato, su humildad y su precisión conquistan a los espectadores. Sin embargo el verdadero hito de Secundino no es el concurso, sino entrar en el selecto grupo de la Orden de Alfonso X el Sabio, teniendo como único título el de bedel.

La condecoración se la impone el Príncipe de España, después de que el ministro Villar Palasí se la conceda a propuesta del rector de la Universidad de Barcelona, Fabián Estapé, que era un rojazo de tomo y lomo y le hacía una ilusión bárbara mezclar al humilde bedel lucense con toda la cuadra de grandes sabios españoles. Secundino era el hombre de los pájaros, aquél que sabía todo de ellos e incluso distinguirlos por su canto.

Aunque nace en Outeiro de Rei, sus ocho primeros años de vida los pasa en Lugo con sus tres hermanos en la casa que su padre, funcionario municipal, tiene en la calzada de A Ponte. Con la llegada de la guerra se trasladan a Santo Estevo de Benade, donde residen sus abuelos.

Allí es donde comienza a fijarse en los pájaros, a estudiarlos y a amarlos. Los españoles matándose y Secundino con la cabeza a pájaros. Ojalá otros lo hubiesen imitado. Tiempo tiene porque la escuela apenas funciona dos meses en todo el año. Y así hasta el 39, cuando vuelven a Lugo y se instalan en el barrio de Abuín. Él va a un colegio de Lamas de Prado hasta los 14 años.

En Barcelona se hace bedel de la universidad. Conoce y colabora con un profesor que también es aficionado a los pájaros. No fuma, no bebe y no le gusta el fútbol. Juntos se encargan de controlar los movimientos migratorios y la diversidad de especies, así como el censo de aves en el Parque Nacional de Aigüestortes, de Lérida, con un equipo del Consejo Superior de Investigaciones Científicas. “Me sentía mal trabajando con los científicos, pues utilizaban una terminología que yo desconocía”, reconoce años después. Y en eso, Las diez de últimas.

Secundino compite con el tema “Clasificación sistemática y costumbres de las aves indígenas ibéricas”. Su rival en el programa final es María del Saliente Perán Mármol, de Albox (Almería, 1949), que compite con “Vida y obra de Cervantes” y cuyo comportamiento durante el mismo da lugar a vivos comentarios pocos favorables. El presentador de Las diez de últimas es José Luis Pécker.

Los nervios afloran, pero el ornitólogo parece estar más entero que la cervantina. Los dos fallan una pregunta y a partir de la tercera, María del Saliente _ María del Sobresaliente, la había llamado Pécker _, es todo un manojo de nervios que contrasta con la firmeza del lucense, hierático como una lechuza vigilante.

Llegan empatados a la última. La pregunta a la concursante es sobre el padre de Cervantes. La contesta a medias y el jurado la da por errónea. Gana Secundino. María del Saliente sale corriendo del plató y fuera de cámaras se arroja llorosa en brazos de una amiga. Luego regresa para decir una solemne tontería que la hunde todavía más en su papel de mala perdedora: “Yo no tengo por qué saber la vida del padre de Cervantes. Vine a concursar sobre Cervantes y su obra”.

En el 92 es el encargado de la suelta de la paloma en la presentación de los Juegos Olímpicos de Barcelona y al año siguiente se jubila. Todavía le quedan doce años de vida para escuchar gorjeos.

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