Un inexperto y su comité

Aquí mando yo y quiero que me diga qué tengo que hacer

Tantos comités de sabios, tantos expertos y tantos asesores me dan muy mala espina. El primer mensaje que recibes al oír que se van a formar, o que el político de turno se ha rodeado de docenas de ellos, es que ese responsable, al que finalmente le pedirán cuentas de su gestión, no tiene ni pajolera idea del asunto que se trae entre manos.

_ ¿Pero cómo ha hecho eso?

_ Ya ve, las malas compañías.

Ninguno de los grandes hombres tuvo asesores. En todo caso, se supo rodear de ayudantes y colaboradores para formar equipos de personas que trabajaron bajo su dirección porque la cabeza pensante era la suya; no al revés, docenas de expertos diciéndole al número 1 por dónde tiene que andar. Sí, aunque hablemos del covid-19, o de la crisis de Alcoa.

Ahora el Gobierno nos habla de un grupo de trabajo con cien economistas de variadas sensibilidades ideológicas, más otro que forma Calviño, más otro que ya estaba formado con antelación, más los que cada ministro se ha dado el gustazo de nombrar, más los de los partidos… ¿pero esto qué es? Más que comités de expertos parecen sacas de ignorantes.

¿Variadas sensibilidades ideológicas? ¿Unos tienen alergia al polvo y otros a los ácaros, o qué demonios les pasa? No son más cursis porque llegan con el umbral saturado.

Ante un diagnóstico médico se suele pedir “una segunda opinión” y hasta una tercera, si quieren, pero lo de esta administración es un sindiós donde unos se escuden en los otros y la casa permanezca sin barrer.

Probablemente todo está relacionado con ese aforismo que se atribuye a Napoleón o a Perón, y que probablemente sea de Cicerón: Si quieres solucionar un problema, nombra un responsable; si quieres que el problema perdure, nombra una comisión.

Nosotros tenemos problema para rato.

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