Propró-1 y propró-2

Las referencias a los padres y las madres, así como al marido y a la mujer, han desaparecido del Código Civil. Se acabó. Hasta aquí hemos llegado con tanta heterosexualidad obligatoria, con tanta ñoñería XX y XY y con tanta mandanga familiar. Ya está bien de aguantar una antigualla que lo único que nos aportó desde el principio de los tiempos fueron embarazos y más embarazos. Menuda plaga de enanos revoloteando alrededor con los mocos colgando, diciendo no a todo y despertándose a las tantas con la disculpa de que les duele la barriga o cualquier otra tontería fisiológica.
Como los términos de madre y padre han sido sustituidos por el ambivalente de ´progenitores´, en casa ya les he dicho a los míos: “A partir de ahora se acabó lo de papá y mamá. Nos llamáis propró-1 y propró-2, como hacen todos los niños posmodernos y engagé”. Hemos acordado que la denominación de propró-1 le corresponda a lo que antiguamente se conocía como mamá, y yo responderé cuando digan propró-2; no vaya a ser que la Brigada Social de Represión del Machismo nos meta un puro. La cosa va bien. Ayer ya me han dicho: “Anda, propró-2, retrátate y suelta la pasta para el cine”.
Los oficios de marido y mujer también han desaparecido, arrasados por la fuerza incontenible del amorfo ´cónyuge´, esto es, el que está unido al mismo yugo por la yugular, y que tanto vale para un roto como para un descosido. De tal disposición se deriva que en el futuro las uniones se realicen bajo la fórmula: “Y yo os declaro cónyuge y cónyuge”, aunque ya se estudia la posibilidad de celebrar bodas polígamas y poliándricas, según los diversos credos, donde nos declaren “cónyuge, cónyuge y cónyuge, hasta que la muerte os vaya separando uno a uno”.
Afortunadamente para las abuelas, todavía no se han adoptado las reformas que les afectarán, pero se rumorea que en breve pasarán a llamarse las granproprós.

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