Darío Villanueva, el rigor frente al capricho

El catedrático de Villalba, rector y director de la RAE tuvo que parar los pies a las pretensiones dictatoriales

EXISTE UNA LOGIA de gallegos nacidos el 5 de junio que tiene como principal misión destripar la actualidad mientras se manduca una comida ligera en torno a esa fecha. Las posibilidades de que se repita este año están por ver.

El año pasado alcanzó las siete décadas uno de sus miembros, Xosé Luis Barreiro Rivas. Este año lo hará otro, Francisco Darío Villanueva Prieto (Vilalba, 1950). Y pronto les corresponderá a los siguientes, entre los que se encuentra el periodista Pastor Lorenzo.

Después de pasar su infancia entre Vilalba y Luarca, Darío es alumno marista en el colegio lucense de La Inmaculada. Y de los buenos. La primera vez en la que puede ver su nombre en letras de molde es a los 15 años, cuando el hermano Jovino, director del centro, le otorga en el Gran Teatro el título de escolta del abanderado del colegio, es decir, la élite. La bandera la lleva el alumno José Manuel Pardo Penado.

Soy testigo de aquella entronización porque yo tenía que cantar en coro La mer, el éxito de Charles Trenet, pero finalmente el marista me dice que solo mueva los labios sin emitir sonido alguno. Entonces creo que soy un negado para la canción, pero después le echo las culpas a él, que no supo enseñarme.

Por cierto, los dos alumnos anteriores. Darío y Pardo Penado son los finalistas del concurso de Oratoria del año siguiente. Los panelistas también compiten en el Gran Teatro y son presentados por Paco Rivera Cela.

Ese último año en Lugo es el prólogo de su preparación universitaria en Santiago de Compostela y la Autónoma de Madrid. Tras ésta viene una trayectoria intelectual de enorme calado como teórico, crítico literario y catedrático de Teoría de la literatura y Literatura comparada, con docenas de obras que no han dejado de llamar la atención, tanto de especialistas, como de los medios de comunicación.

A ello hay que sumar los cargos ocupados, ya como decano de Filología y rector de la Universidad de Santiago en el momento de su V Centenario, ya como secretario y director de la Real Academia Española.

Al frente de la misma, Darío ha tenido que lidiar con la más insistente injerencia del poder político en sus competencias, y lo que es más importante, en la construcción del idioma, con unas pretensiones insólitas, absurdas y ajenas a toda lógica, que de momento, gracias a él y a otros académicos, han pinchado en hueso.

Nos referimos naturalmente a la polémica sobre el género y el lenguaje inclusivo.

“Una cosa es el machismo y otra la gramática _ comienza por establecer el catedrático _. No se puede manipular la estructura de un idioma en función de una suposición que nosotros no podemos compartir.”

“El machismo _ dice Villanueva _, es una conducta, un comportamiento social que está en la sociedad, mientras que la lengua es el instrumento para comunicarse, no la causa de ningún problema. Es simplemente la expresión de una realidad que por otra parte, en lo que se refiere a la gramática y a la estructura de la lengua no se ha improvisado, esto es el fruto de siglos y siglos de decantación”.

Y añade: “Es imposible que los académicos aborden la preferencia por el genérico femenino por su utilización puntual. Se cree que si a alguna persona o grupo se le ocurre cambiar un elemento estructural de la gramática, eso va a ir a misa, y no es así”.

“Pretender destruir el paradigma del masculino con el doblete reiterado conduce a una imposibilidad, pues la lengua funciona como un ecosistema y alterar un elemento significa la alteración de todo el conjunto”.

Comenta