Planas Roca, de Lemóniz a Osòrio

El ingeniero lucense cruza 600 veces el Atlántico para dirigir sus proyectos eólicos en toda América

GUILLERMO PLANAS ROCA (Lugo, 1951), es presidente de Enerfin Sociedad de Energía, perteneciente al Grupo Elecnor, una de las principales corporaciones globales en el desarrollo y operación de proyectos de infraestructuras, energías renovables y nuevas tecnologías, con 13.500 empleados y presencia en más de 50 países en los cinco continentes.

Cursa el bachillerato en los HH. Maristas de Lugo y la carrera, en la Escuela Superior de Ingenieros Industriales en Bilbao. En 1978 se incorpora ya al Grupo Elecnor en la construcción de la Central Nuclear de Lemóniz, hasta su definitiva paralización en 1982.

Como responsable de proyectos de generación de energía, participa en la construcción de la mayoría de las centrales del programa nuclear español, y en buena parte de los grandes proyectos del Plan Energético Nacional.

En los noventa inicia una etapa internacional que le lleva de Angola a Honduras, de Panamá a Perú, Brasil, Argentina, Chile… Y cuando surge el interés por la energía eólica, Elecnor crea su filial Enerfin para el desarrollo de parques en todo el mundo, al frente de la cual estará él.

En Galicia comienza su andadura con el ya histórico parque de Malpica, ”hoy felizmente renovado”, y el gran complejo eólico del Faro y Farelo, con 128 MW, “en aquel momento, el más grande de Europa y la mayor inversión privada en la provincia de Lugo desde los tiempos de Alúmina-Aluminio”.

Siguen proyectos en toda España y el continente americano, por lo que se ve obligado a recorrer Canadá, EE.UU., México, Colombia, Argentina y sobre todo Brasil, donde Enerfin logra el reconocimiento mundial por el colosal Complejo Eólico de Osòrio.

En esos años “me ha tocado cruzar el Atlántico más de 600 veces”. Sus contactos son de primer nivel: En el despacho de Al Gore encuentra la solución para un regalo navideño; el senador Phil Rockefeller, emocionado por el paisaje y los vinos de la Ribeira Sacra en Chantada, le anima a cultivar un viñedo, y en ello está; el ex premier canadiense Jean Chrètien le regala su famosa Autobiografía dedicada; los presidentes Lula da Silva y sobre todo Dilma Rousseff le reciben con frecuencia.

“Dilma me presentó a S.M. el Rey Juan Carlos, al principio creía que yo era brasileño”.

No olvida los años “de plomo e infamia” en Lemóniz, los viajes al Irán de Jomeini en plena guerra con Irak, o en Angola cuando la Unita lanzaba misiles Stinger a las avionetas en que se desplazaban, ”volaban sobre el océano para evitarlos”.

El parque de Quebec y los australianos son los nuevos retos de la compañía, pero ahora, tras más de 42 años “sin faltar un sólo día a trabajar”, _ “la verdad es que he tenido mucha suerte con la salud y, desde luego, me tocó el Gordo con la familia y el equipo de colaboradores” _, intenta recuperar tiempo para su familia. “Si contase las noches que no dormí en casa por los viajes, me saldrían casi nueve años. En el fondo también he sido un poco emigrante a mi pesar.”

De estudiante vivía en Bilbao, muy cerca de Bego, su mujer desde 1977, pero curiosamente se conocen en Nueva York. Se casan en Portomarín. “Con tan poca ayuda de mi parte _ reconoce el ingeniero lucense _, bordaba su trabajo de profesora en el Instituto y coleccionaba licenciaturas mientras criaba a nuestros cuatro increíbles hijos. El cielo en la tierra. Ahora vamos por el tercer nieto.”

De todo el mundo conocido se queda con su refugio en O Vicedo, a donde acude siempre que puede.

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