¡Cómo está el servicio!

El servicio

Tenemos unos empleados en La Moncloa y edificios aledaños la mar de desagradables. En el servicio doméstico de antaño era típico que las señoras se quejasen del carácter de algunas de sus chachas por ser respondonas, por sisar o procrastinar en la limpieza de la plata. “Es muy tremenda, pero Servando le aguanta todo porque cocina muy bien”.

Antes de seguir. Se entera Irene Montero que utilizo la palabra chacha y me manda a un cursillo avanzado de excitación clitoriana en la Universidad moscovita de Séchenov.

Pues ahora, el chico este que tenemos empleado en Presidencia para que nos lleve la finca se está pasando dos pueblos en excesos de confianza. ¿No va el otro día y nos llama ignorantes a los que criticamos alguna vez a su Simón, es decir al 89,1 por ciento de los españoles?

Hombre no digo yo que lleguemos a sus diócesis de sabiduría, que para eso hay que plagiar mucho y muy bien, pero quien más quien menos dispone de ciertas luces y nos vamos apañando. Por ejemplo, bien sabemos la experiencia que atesora su Simón de compañía, la idoneidad para el cargo y todas las flores que le adornan, pero ninguna de ellas, ni las académicas ni las vivenciales, le sirven para evitar sus meteduras de pata hasta Ulan Bator y más allá en momentos puntuales, aquellos donde la ciudadanía, que son los señores de la casa de todos ustedes, no se olvide, diese rienda suelta a su fundamentada indignación.

Como dice su subalterna de Igualdad, jo, tía, es muy fuerte que tengas de chacha a unos incompetentes y los aguantes por imperativos de la ley. Porque muchos de ellos, a diferencia de la chica de don Servando, no saben cocinar, ni guardan las formas. Y como sigamos así, les vamos a tener que poner la cofia para servir la mesa, incluido a ese que lleva la melena en cola de caballo, y al que le va a quedar monísima.

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