Cruce de navajas

El redomado anticlerical barón de Holbach

Fascistas, golpistas, terroristas, chavistas y otros istas tan indeseables como los citados se cruzan de bando a bando con una alegría y una irresponsabilidad manifiestas.

Nadie lo va a evitar, porque nadie va a ser el primero en parar, y si unos tienen dobermans para morder en las partes blandas de sus adversarios reconvertidos en enemigos, los otros son auténticos dobermans de cuna y linaje.

Seguramente unos lectores pensarán que me refiero a unos, y otros a otros. Quede así por bien de todos.

Pese a ello, casi todos los implicados en estas batallas intestinas y estomagantes han adquirido la condición de parlamentarios, no la de ladradores, ni mucho menos, mordedores. Parlamentario es aquel que sustituye graznidos por la utilización de la palabra con el fin de que el resultado pueda constituir un diálogo y no una barahúnda infame, chulesca y rufianesca.

Pero salvada la crítica general que a todos afecta, hemos de decir también que jamás en la vida democrática española, ni mucho menos durante el franquismo, se ha visto un comportamiento tan desalmado por parte de miembros del Gobierno, aquellos que precisamente por su autoridad, dejan de representar a una parte de la sociedad que puede pensar igual, para adquirir la consideración de representantes de los intereses españoles.

Ya vemos que esa lección de parvulario político, tan básica y elemental como importante e imprescindible, no ha sido superada por quien pretende que lo veamos como vicepresidente… y no lo consigue.

Para corregir este estado de cosas sirve hasta la pedantería. Por eso me acojo al barón de Holbach y a su lamento por todas las guerras que “han tenido como causa primera la insolencia de algún ministro altivo y soberbio, cuya temeridad ha hecho correr la sangre de las naciones”.

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