Sin ayuda no va

El humo de las protestas rodea Nissan en Barcelona. Trabajadores de Alcoa esperan noticias en Lugo (abajo)

Si Grande Marlaska no vive sus mejores momentos, de Reyes Maroto, ya ni te cuento. Nissan, Alcoa… El desastre es multiorgánico y multidireccional. Para explicarlo se pueden encontrar responsables allí donde se mire, desde la lejanía histórica, hasta la palpitante actualidad.

Por decir algo, no se puede pactar la eliminación de la reforma laboral vigente con nocturnidad y alevosía. Pero mucho menos, con un grupo llamado Bildu y con otro llamado Podemos a cambio de unos votos de filfa, y esperar que no tenga ninguna consecuencia desagradable.

No vamos a decir que las factorías citadas cierren por el pacto, pero si en alguna de ellas, o en otras que vendrán, la pelota está en el tejado, y tanto puede caer a un lado como a otro, actitudes de semejante majadería acaban por empujarla hacia el abismo, que es hacia donde está yendo ahora mismo.

El favoritismo hacia determinadas empresas por el mero hecho de estar radicadas en tierras a las que se quiere favorecer, sin más criterios estratégicos que el egoísmo político, también suponen una buena ayuda para el colapso.

Las palabras y actitudes de personajes como el ministro Garzón, la alcaldesa de Barcelona, y muy especialmente su concejal de Ecología y Urbanismo, Janet Sanz, pidiendo que se evite la reactivación de la industria automovilística, no pueden expresarse alegremente sin que ocurran desgracias. Pero como la mayor desgracia es haber encumbrado en puestos de decisión a ideólogos que son auténticos ignorantes, iletrados, irresponsables e inexpertos, las cuentas salen exactas. ¿O es que alguien confiaba en lo contrario?

El profesor Costas hablaba ayer de la necesidad de un escenario de confianza para salir de esta, y sinceramente, lo que hoy tenemos delante es el escenario de la mayor desconfianza que pudiese haberse creado artificialmente.

Un comentario a “Sin ayuda no va”

  1. sintrom

    Estamos en tiempos difíciles, más de difíciles que antes del 8M que ya arrastrábamos.
    La producción y sus costes tienen que reducirse. Las empresas hacen sus números y miran las fábricas que pululan por el mundo. Cual cerrar cual premiar. Tarea no difícil en los tiempos revueltos que vivimos.
    La que menos conflictividad y más apreciada (cuidada por el entorno) serán las premiadas.
    Barcelona (españa) está pidiendo a gritos que se cierren.
    La pobreza genera riqueza de votos podemitas.

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