Manuel Sosa, un clarinero que costó 12 doblones

Al esclavo comprado a un oficial se le denominaba “el negro de la ciudad”

FRANCISCO XABIER LOUZAO Martínez ha investigado la curiosa biografía de Manuel Sosa (¿1666), “el esclavo negro de la ciudad de Lugo”, que sitúa entre murallas a principios del siglo XVIII.

Louzao, profesor de Historia del Arte de la facultad de Arquitectura, en la Universidade da Coruña, destaca su excepcionalidad, “pues es el único caso constatado desde mediados del siglo XVI en adelante, hasta el siglo XX”.

El 30 de mayo de 1705 se encuentra en Lugo un capitán que forma parte del Tercio al mando de un coronel, y acuerda vender a la ciudad un esclavo negro, ajustándolo en 12 doblones, de lo que se levanta escritura.

Las noticias sobre la manutención y sostenimiento del esclavo resultan prioritarias sobre las particulares, lo que dificulta establecer sus datos biográficos. Solo en 1708 se le nombra e identifica por su apellido, el Sosa, criado de la ciudad. Un año después se descubre el nombre, Manuel Sosa y así se le citará a mediados de 1716, cuando muere.

Suelen recibir el apellido de la familia del amo o su nombre de pila acompañado del color de la piel, moreno, negro o pardo. Los Borbones españoles, que desterraron de la corte a los enanos y locos de los Austrias, se quedan con los negros y les dan su apellido, como es el caso de Alfonso Carlos de Borbón, negro y arquitecto, en tiempos de Carlos III.

Louzao opina que el apellido Sosa podría señalar un origen portugués y que su anterior propietario, capitán del ejército, podría estar luchando en la frontera con Portugal en esas fechas.

Para el sustento de Sosa se le señala un real y medio diario. Será clarinero y tocará la caja en bandos y pregones, así como otras funciones de representación y boato. En las procesiones, el clarinero solía desfilar solo, después de una sección de fuerzas del orden y antes de los maceros, lo que indica su rango de heraldo.

Tendrá casa por cuenta de la ciudad, aunque eso sí, de poco precio. Un año después, en 1706, se ve un memorial de don Juan de Pradeda en el que pide los 720 reales de 12 doblones prestados para la compra de un negro “que servía de clarín a la ciudad”. Lo diferenciaba de otras pertenencias el hecho de ser un humano, y como tal contaba con deberes y derechos. Los propietarios están obligados a respetarle la vida y favorecer su salvación, como hijos de Dios. Era obligación de Lugo vestirlo y así se ve cómo se libran 12 reales para confeccionar unos zapatos para “el negro de la ciudad”, como se le llamaba. En 1707 se acuerda que José Froilán Baamonde, “al hallarse desnudo el negro clarín”, encargue un vestido entero, sacándolo a su crédito. Juan Picado también cobra por zapatos y medias para Sosa.

Su domicilio es propiedad de Andrés Varela y a él se le satisfacen 77 reales de vellón al año. En 1707 se le busca un nuevo alojamiento en la propiedad de Domingo de Vilaboa, hasta que en 1715 pasa a ocupar otra vivienda de José Fernández, donde vive el moreno y su mujer, siendo ésta la primera ocasión en que se menciona a su pareja. Solo se sabe su nombre, Isabel Francisca.

Además de clarín, el negro de Lugo realiza otras actividades, por las que recibe un estipendio, como los 6 reales por la limpieza de fuentes en la ciudad en 1709. En una ocasión, causa la muerte de una pobre mujer y el Ayuntamiento ha de hacerse cargo de los gastos.

Entre enero y julio de 1716 desaparece Sosa. El oficio de clarinero de Lugo volverá a estar encargado a un negro 36 años después, en 1752, cuando lo ejerza Antonio de Silva, aunque en este caso Antonio ya es un hombre libre.

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