Medidas correctoras

Si es Herodes, no es torero

Allí donde el apoyo mediático a Sánchez e Iglesias parecía incuestionable, ya no lo es tanto y las grietas en varios edificios, antes monolíticos y contumaces, son ahora tan anchas que tras ellas dejan ver maniobras destinadas a recuperar el valor de las acciones.

En muy altos y significados grupos de prensa y audiovisuales han comenzado a pensar que a lo mejor el deterioro patrimonial está relacionado con el inconfundible sesgo favorable a Sánchez que algunos de sus medios, y muy especialmente, ciertos programas de televisión, mantienen con fidelidad perruna, con evidente deterioro de la independencia de criterios, no ya de la objetividad.

Tarde se han dado cuenta de la frivolidad en la que han vivido, pero lo cierto es que mientras dura el jijijí-jajajá, y mientras cabe la esperanza de que el personaje favorecido pueda ejercer una gobernación “como cualquier otra”, la baza se mantiene, aunque sea apoyando económicamente.

Pero cuando se constata que el caballo elegido es jamelgo, cuando la audiencia castiga tanto sectarismo y cuando los anunciantes flojean, la broma se apaga poco a poco y es necesario avivarla antes de que se convierta en pavesas, que son las madres de las cenizas.

Al contrario de lo que le gusta a Iglesias, una sociedad de libre mercado dispone de mecanismos de defensa que brotan como anticuerpos cuando se ve amenazada en su conjunto y el sistema inmunológico parece no reaccionar correctamente desde el minuto uno.

Pues sí, al final funciona, porque detrás tiene muchos siglos de experiencia que superan con ventaja a los pocos años de inexperiencia.

Tampoco es para echar las campanas al vuelo porque la costra cuesta desarraigarla y hasta que lo vean los ojos no lo deben decir los labios.

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