Calviño y la astracanada

Un paquete de siete

En algunos juegos los participantes pueden ganar vidas y mientras tengan más de una, pueden hacer heroicidades sin cuento, porque si pierden una, siempre les queda otra en el armario.

Les pasa como a los gatos, que tienen siete porque caen de pie, salvo cuando se olvidan de los coches y un turismo se los lleva por delante.

A los españoles nos gustaría saber cuántas vidas tiene Nadia Calviño y cuántas veces podrá decirle a su presidente que su comportamiento es absurdo y contraproducente sin que le cueste el puesto. O lo que es casi peor, que ella misma se harte y abandone a Carrillos Tortuosos en íntimo amancebamiento con el insomnios.

No es la primera vez que Calviño se interpone entre el gobierno y el desgobierno. Esas cosas pasan en todos los equipos y en todas las administraciones, pero cuando forman una piña, no suelen salir a la luz con la crudeza vista en esta ocasión.

Es lo más normal del mundo. Haces tus cálculos dentro de tu ministerio, pero después aparece Economía o Hacienda y te dicen que no hay dinero para construir un puente que vaya desde Valencia hasta Mallorca, como cantan Los Mismos.

Lo que no es normal es que las dos patas del Gobierno, sus portavoces parlamentarios, y unos señores que se llaman Bildu, con la aquiescencia del presidente, pacten la derogación íntegra de la reforma laboral, sin que lo sepa la vicepresidenta de Economía, y que después, escuchada su opinión sobre lo absurdo y contraproducente de lo pactado, el presidente ¡le eche las culpas al PP!

¿Las culpas de qué? ¿Del desastre que ha firmado usted? Porque si fuera una maravilla, tendría que haber dicho:

_Gracias al PP, que no nos dio sus votos para la prórroga, hemos pactado con Bildu atar los perros con longanizas.

Y va a ser que no.

Un comentario a “Calviño y la astracanada”

  1. Tolodapinza

    Lo de la ministra Calviño con Sánchez me recuerda a lo del ministro Solbes con Zapatero.

    Al parecer, Solbes era muy bueno en lo suyo, la economía, y es de suponer que en los consejos de ministros daría su opinión docta y experimentada sobre lo suyo. La economía.

    Pero luego se hacía o deshacía según le daba a Zapatero la ventolera demagógica y/o populista. Y Solbes tragando.

    Por muy firme y estupendo que se pusiera de puertas para adentro defendiendo la ortodoxia… de puertas para afuera tragaba.

    Diría que así van ahora las cosas.

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