Los Quintela Ferreiro, pasión por la literatura

En torno a su hermano Luis comienzan a escribir López Casanova y Marina Mayoral, entre otros

LUIS Y ANTONIO Quintela Ferreiro (Lugo, 1912), sintieron con fuerza la pasión por la literatura y el conocimiento en general, al que se dedicaron desde la enseñanza y la creación. Eran hijos de Francisco Quintela Pallín y Aurora Ferreiro Varela, y hermanos de María, María del Carmen y Lourdes, la segunda de las cuales se traslada a Burgos como enfermera, con su madre ya viuda y que fallecerá en la capital castellana el año 1971.

Antonio, que había nacido el 22 de mayo de hace hoy 108 años, estudia Magisterio y está destinado en Santaballa hasta 1936, cuando lo destinan a Bagueixos, en la parroquia lucense de San Xoán de Tirimol.

Con quince años se estrena como articulista en las páginas de El Eco de Galicia, desde Vilalba, y en la década de los treinta ya es columnista de El Progreso, director del Faro Villalbés y autor de unos Ensayos poéticos, que ven la luz en 1930.

El 18 de julio del 36, las páginas del diario de Lugo anuncian la salida a la venta de su primera novela. Se titula Lucha y aunque su argumento nada tiene que ver con la actualidad española, muchos lectores debieron pensar que Quintela era un gafe o un profeta, porque su título iba a estar de actualidad los próximos tres años.

Solo un detalle de la publicidad advierte que se trata de una lucha distinta cuando informa que la novela contiene descripciones de Lugo.

Después de participar directamente en el conflicto va a Barcelona, donde estudia Pedagogía y Filosofía y Letras, para quedarse allí como profesor del Grupo Escolar Reyes Católicos.

En 1959 está en Lugo para promocionar su novena creación con un título a lo Brontë, pues si la única novela de Emily fue Cumbres borrascosas, la de Antonio se llamó Cumbres amorosas.

“Es la vida de un joven preocupado por el problema del amor que trata de averiguar la diferencia entre las mujeres de distinta moral”.

Antonio dice haber escrito cuatro novelas de tipo filosófico, como la presente, cuatro románticas y una policíaca. Desconfía del tremendismo de la actualidad y en este campo sólo rinde admiración a Palacio Valdés, “uno de los que yo considero buenos”.

En Espíritu y carne, de veinte años antes, Antonio Quintela, incide en su idea de novelar la filosofía para enfrentar ahora la espiritualidad a las pasiones materiales, como indica su título.

Aunque es un escritor pulcro, su novelística es difícil que interese al público. Al exigente, por quedarse corto, y al popular, por ser demasiado profundo. A los títulos citados hay que añadir El enigma de un muerto (1944), La diosa del bosque, (1944), Exámenes de Amor (1950) y Matrimonio urgente (1955), cada vez más cercanas a una literatura sin tantas honduras.

Su hermano Luis, profesor de Literatura en Lugo, articula en su entorno a la nueva generación de escritores que están terminando bachillerato o que inician sus primeros cursos en la universidad. Funda la revista Escritos y les permite debutar en la publicación de sus primeras obras al lado de consagrados como Borobó, Baldomero Cores y Aloya.

Los jóvenes eran nada menos que Arcadio López Casanova, Marina Mayoral, Ramón Clemente, Sergio de Cabo, Franco Grande, Carro, Ducás, Jesús Vilela… Unos hicieron carrera literaria, otros, no.

Luis Quintela, enemigo acérrimo del futuro alcalde Antonio Quintana, le acusaba de haberlo ametrallado desde un coche cerca de la muralla. Otros comportamientos del profesor de Literatura provocan que muchos sospechen de su equilibrio mental, pero su influencia ahí queda.

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