Memorial de agravios

El manifiesto para la Resistencia Nacional apoya las caceroladas y pide la dimisión del Gobierno. No creo que ninguno de los dos propósitos sorprendan a sus destinatarios, a no ser que el ejercicio del poder en breves meses les haya borrado del cerebro las mínimas dosis de autocrítica que proporciona el actual sistema educativo, que en verdad no ha de ser mucha.

Es de suponer también que sus firmantes son conscientes de que están realizando un brindis al sol, ¿o no? Algo hay que hacer, desde luego.

Repasamos el memorial de agravios que se amontonan en ese escrito, aunque sea un ejercicio insalubre hasta para los asintomáticos.

Se califica al Gobierno de mentiroso, incompetente, sectario y corrupto; se le achaca una desastrosa gestión sanitaria, el recorte de libertades fundamentales y habernos situado entre los máximos mundiales de fallecidos y de personal sanitario infectado.

Añádase imprevisión criminal, primacía de intereses ideológicos, e improvisación de medidas económicas que nos abocan a la ruina nacional, al empobrecimiento de todos y al hambre en los más desfavorecidos.

Adulteración de cifras de fallecidos, ineptitud en la adquisición de medios, recorte de los derechos cívicos, estado de excepción sin base legal, tramitación encubierta de leyes para reforzar el dominio de los grupos de extrema izquierda; manipulación informativa, censura y criminalización de los opositores.

¿Asusta? Sí, solo con escuchar la mitad de los agravios es suficiente para no pegar ojo de aquí en adelante, como muy bien dijo el presidente en una de las mentiras más elaboradas de su amplio repertorio. La mentirijilla de la pesadilla.

Algo nos dice que el episodio de Bildu no está contemplado en el manifiesto. Es decir, que crece.

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