En serio, señores

Como sea la que guía…

Falta por saber el tiempo que se prolongan en el poder, pero ya han perdido el juicio de la historia, ese último dictamen al que se encomendaba Fidel Castro en vida para decirles a sus sufrientes que ellos podrían condenarle, pero que abandonasen toda esperanza, porque además de padecerlo en perpetuidad, la historia iba a estar de su lado.

En nuestro caso es materialmente imposible que traiga prosperidad quien no la tiene en su hoja de ruta, tan inestable que todos sus esfuerzos se canalizan en ejercicios de equilibrio, remachados con falsedades y endomingados por encuestas de elaboración casera que no se la cree ni quien las realiza.

Todo eso era suficiente para desconfiar desde el primer día y así lo hicimos, pero vino corona y las previsiones empeoraron y se desmadraron.

A nadie se le oculta que la pandemia es un bicho muy malo de gestionar y por ahí adelante tenemos casos sangrantes de grandes administraciones que acumulan tantas meteduras de pata hasta el corvejón, como Nadal ensaladeras del Roland Garros.

Pero también existen gobiernos que han hecho en cada momento lo correcto, sin aspavientos y con eficacia. Todos pudimos percibir dónde es correcto situar al español.

Pero día tras día, recibimos aromas que exhala el duopolio, a cada cual menos esperanzador, más crispado, arbitrario, abusivo y matón.

Ante un panorama así es lícito preguntarse para qué se quiere el poder salvo para mantenerse en él como simple ejercicio circense. Y si por casualidad la respuesta fuese que es para el advenimiento de la revolución bolivariana, habría que decirles con mucha educación, pero con toda la energía, que muchas gracias, pero que no ha sido facultados para eso, por lo cual estarían cometiendo un delito; y que en cualquier caso, a los españoles nos gusta arruinarnos uno por uno, no todos de golpe.

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