Taboada Leal, el padre de los confinamientos

El hidrólogo de Viveiro defendió la necesidad de la cuarentena en la epidemia del cólera-morbo y otras medidas higiénicas pioneras

DURANTE MUCHOS AÑOS, a su Descripción Topográfico-Histórica de la Ciudad de Vigo y su Comarca (1840) se la llamó el Evangelio de los vigueses y por ella se guiaron urbanistas, cronistas y munícipes que le siguieron para conocer la historia de la ciudad.

Nicolás Taboada Leal, (Viveiro, 1798), quería ser médico, pero su padre, Vicente Taboada La Torre, que también lo era, se opuso de forma radical sin que sepamos las razones, de modo que Nicolás tuvo que realizar una maniobra de distracción para alcanzar su objetivo.

Se pone a estudiar para maestro y cuando gana dinero, se paga la carrera de galeno que remata con el título de médico-cirujano el 25 de octubre de 1826 en la Universidad de Santiago, tampoco demasiado tarde.

¿Le apoyaba su madre, María Leal Fernández? Posiblemente. Y quizá también su padre, que solo pretendía poner a prueba la vocación de su hijo.

La historia dirá que la operación fue un éxito, pues Taboada Leal es reconocido hoy por adelantarse al estudio del cólera morbo, y por defender contra viento y marea medidas esenciales de profilaxis que ayudaron a contener la devastadora epidemia de 1848 que causa 300.000 víctimas en España.

Taboada, que también será cronista de Vigo, escribe un Informe para la Junta de Sanidad de Vigo, en el que se defiende la idea de que el cólera es contagioso de persona a persona, en contra de quienes se tienen por anticontagionistas, así autollamados, que temen la certeza de dicha posibilidad, pues supondría cerrar los puertos y aislar las poblaciones como ahora ocurre, medidas devastadoras en contra del comercio y las industrias.

Su primer destino como médico había sido el año 1923 en la parroquia de Santo Estevo de Oca, en A Estrada (Pontevedra), donde ya desarrolla una destacada labor en pro de la vacuna de la viruela. Después es asistente voluntario en el Hospital de la Caridad de Vigo, donde mantendrá una presencia durante 65 años.

Es el primer médico que ve en España un caso de cólera, el de Fernando Conde, vecino del Areal. Como consultor de la Junta de Sanidad, subdelegado de Medicina y segundo ayudante honorario del Cuerpo de Sanidad Militar, propone las islas de San Simón y San Antonio para crear un lazareto donde podrían pasar las cuarentenas los tripulantes de los barcos procedentes de zonas endémicas y también estudia las aguas mineromedicinales de Galicia, como continuación del trabajo iniciado por el monfortino Antonio Casares, labor que le vale el título de O hidrólogo de Viveiro, que le concede Fausto Galdo.

En otra área del conocimiento está la descripción de Vigo a la que aludíamos al principio y sus trabajos sobre higiene y productos alimenticios, todos ellos redactados desde la erudición y una concepción moderna de la medicina, que le hacen merecedor de varios reconocimientos oficiales, como la cruz de Epidemias y la cruz de Isabel la Católica.

En el terreno literario es autor de un canto épico a los liberales que luchan durante el Trienio Liberal contra los Cien mil hijos de San Luis y de La tía Marizápalos. Cuentos maravillosos de magia, publicado en Madrid (1840) sobre ese personaje popular que da sobrenombre a la Calderona, la amante de Felipe IV.

Taboada Leal muere en Vigo el 4 de octubre de 1883, a los 84 años de edad. Su nombre fue muy popular entre los aficionados al baloncesto, pues en la calle viguesa a él dedicada se encontraba la cancha del Bosco y de otros equipos, conocida en toda Galicia por sus apellidos, aunque la mayoría de las veces se repetía sin saber sus méritos.

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