Los tocacazuelas

La potacracia

Según la wikipedia, la historia de las caceroladas en España arranca de la que el 27 de marzo de 2003 se le dedica a José María Aznar para afearle la participación española en la guerra de Irak, un dato absolutamente erróneo.

Veinte años antes los habitantes de Sagunto utilizan esa forma de protesta contra las medidas de reconversión industrial adoptadas por el gobierno de Felipe González, que a lo largo de toda la década de los 80 soporta en veinte ocasiones otras tantas protestas sonoras, sin que en ningún momento sean consideradas ni siquiera alteraciones del orden público.

Las cosas cambian, porque de repente se han convertido en un peligro para la democracia, que tratan de tumbar al gobierno, que expanden el virus cosa mala, que están prohibidas por el estado de alarma y que una cacerola cargada nunca se sabe a donde dispara la cuchara.

El señorito Marlaska ha enviado ayer a Galapagar cinco coches de la Guardia civil con sus respectivas dotaciones para custodiar el chalet del vicepresidente y su ministra esposa en una actuación inaudita a lo largo de la historia, así estuviese siendo asediada de verdad la vivienda de un juez, quemada la bandera o injuriado el Rey.

La desproporción salta a la vista, pero lo realmente asombroso es que siendo los manifestantes caceroleños tan peligrosos para la estabilidad política, para el Estado, para el Gobierno, para Carrillos Tortuosos, para la salud pública y para la Red de Paradores Nacionales, no se haya actuado contra ellos con la contundencia que se merecen, por ejemplo, con una masiva confiscación de potas y la prohibición de participar de por vida en Martes Chef, que por cierto, no sé por qué se emite los lunes.

Estando todo tan bien organizado, con unas perspectivas económicas de rechupete, vienen estos tocacazuelas a poner en peligro la estabilidad nacional. Así no hay manera.

Un comentario a “Los tocacazuelas”

  1. sintrom

    Las cazuelas y perolas son armas pero que muy secretas, que se lo pregunten al marmitón.
    En ellas se preparan las pócimas (lentejas, alubias y el famoso caldo gallego) que tomadas regularmente permite que los ejércitos estén en plena forma y puedan combatir e incluso aplastar al contrario o enemigo (el que lo tenga).
    Hacen bien en temerlas estos bolivarianos y sus compinches socialistas.

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