Peligra la bicoca

Utilidad de la alarma como flauta

Hoy se vota la prórroga y al Gobierno se le ha puesto cara de no entender nada. Sobre el papel, ni vascos, ni catalanes, que lo sostienen por los pelos, van a votar en la dirección que él indica, pero a quien mira a los ojos para reprochárselo es al PP, que también ha prometido su negativa.

Entre el No y la abstención existen muchas diferencias y es posible que en estas últimas horas se descuelguen varios teléfonos y se negocie con la cogobernanza como moneda de trueque, así que nada demos por inamovible.

Ahora bien, el planteamiento inicial es que los que apuntalan el gobierno y lo hacen posible para aprovecharse de su debilidad sin sufrir desgastes por gobernar, pueden hacer lo que les dé la gana, pero el partido al que se le birla el poder con un juego de manos basado en la mentira, tiene que tener secuestrado su voto en aras de un supuesto caos para seguir con la alarma y sus poderes extraordinarios.

A Sánchez no le entra en la cabeza que a lo mejor ha creado desconfianza, y que sus hechos y actitudes durante estas semanas no son los correctos. Que su política de compras no es la buena, que su política de tests tampoco, que su desescalada no es la mejor. Y sobre todo, que se recela de la nueva normalidad, de que el fundamentalista Iglesias quiera entrar en el CNI en medio de la degollina y se recela de todos los tics prodictadura que cada día abundan más gracias precisamente a tener las manos libres para ejecutar a su antojo.

La decisión sobre la prórroga o no del estado de alarma debería obedecer únicamente a criterios sanitarios, pero ni unos ni otros van a utilizarlos hoy para justificar su voto, porque son políticos.

La prórroga tendrían que votarla los colegios médicos, epidemiólogos, directores de hospitales y jefes de UCI. Lo demás es trapicheo y a Sánchez se le puede acabar la bicoca.

Utilidad de la alarma como flauta

Un comentario a “Peligra la bicoca”

  1. Tolodapinza

    Lo que usted llama “la bicoca” es difícil que se le acabe al Doctor Fraudez.

    Será lo que sea, pero es listo, y conoce como nadie el enorme partido que se le puede sacar a la codicia de poder. Aspecto en el que, por cierto, él es una autoridad mundial.

    ─Necesito que me dés tu apoyo.
    ─¿Qué me das tú a cambio?

    En este brevísimo diálogo se condensa lo que viene siendo la política española. Para todos los partidos. Ningún líder político mira por el bien de los votantes sino por la pervivencia de su partido, pero sobre todo por la suya propia. Para ir viviendo (muy bien) de los Presupuestos Generales del Estado. Y lo demás son coñas marineras.

    ¿Alguien de veras se creía que Ciudadanos iba a regenerar la política nacional?

    Unos apaños bien hermosos le habrán sacado al Doctor a cambio del apoyo en el Congreso. Pero, inocentes y pardillos, no barruntan que a la hora de pasarle el favor al cobro el Doctor (una vez más) dirá “Diego” donde dijo “Digo” y los dejará con el antifonario al aire; como suele hacer en lo de mantener la palabra dada.

    Lo que no dejaría de ser un acto de justicia poética.

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